El flujo de capitales al sector energético mundial se muestra notablemente sólido a pesar de la inestabilidad geopolítica internacional. Las proyecciones oficiales apuntan a que las inversiones mundiales en energía alcancen los US$3,4 billones durante este año, a pesar de los efectos desestabilizadores derivados del conflicto en Medio Oriente. Este volumen económico supone un incremento directo del 5 por ciento con respecto a las cifras del año anterior. Las economías avanzadas y China se afianzan como los grandes impulsores de esta expansión estructural, concentrando más del 60% del gasto global.
El desarrollo rápido de las tecnologías limpias frente a los combustibles fósiles
El mercado de servicios públicos evoluciona cada vez más hacia la diversificación de matrices sustentables. La cifra de la inversión que se destina de forma exclusiva a las fuentes de energía limpia es de US$2,2 billones. Esto supone prácticamente el doble que la inversión en función de los sistemas de combustibles fósiles, ya que el crecimiento del tráfico interanual de financiación ecológica es del 7% tanto para las economías avanzadas como para el mercado chino, mientras que está en torno al 4% en otros mercados emergentes.
Las variaciones de tipo porcentual mencionadas revelan las diferencias comerciales regionales que tiene el mundo actual. A pesar de los diferentes ritmos de inyección de capital, todos los países tienen un objetivo común y centralizado, ya que buscan garantizar la seguridad energética nacional de cara al medio y largo plazo. Limitar la construcción de nuevas plantas a la lógica del comercio típico de bienes y servicios puede frenar la modernización productiva de los centros industriales.
Los Estados Unidos: expansión del GNL y otras nuevas fuentes base
El estudio de los movimientos financieros de los Estados Unidos indica que las inversiones en energía en ese país aumentarán un 6%, hasta alcanzar casi los US$610 000 millones. Entre los principales catalizadores de este crecimiento se encuentran la infraestructura instalada para la licuefacción de gas natural (GNL), los sistemas de almacenamiento de baterías y el desarrollo de la tecnología geotérmica y de la energía nuclear.
De hecho, la inversión en GNL crecerá, multiplicándose casi por cuatro en 2026, y las proyecciones indican que, a finales de la década, los Estados Unidos contendrán casi la mitad de la capacidad de exportación total de GNL del mundo.
Por el contrario, la inversión en extracción de petróleo ha caído porque las empresas extractivas han elegido cultivar la eficiencia operativa de sus pozos y garantizar un retorno de capital a los accionistas. Sin embargo, la inversión en la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles se ha duplicado gracias a un repentino aumento en la toma de decisiones de construcción en torno a nuevas plantas de energía térmica en gas natural.
Reconfiguración de la red eléctrica para abastecer el consumo contemporáneo
El incremento sostenido del consumo eléctrico, soportado en gran medida por el crecimiento de los enormes centros de datos informáticos, obliga a los gobiernos a reprogramar rápidamente sus prioridades de gasto en funcionamiento.
Para poder satisfacer esta creciente demanda, las inversiones en el sector de generación experimentarán un crescendo muy importante, rebasando el umbral de los US$140 000 millones. Al mismo tiempo, el sector del almacenamiento en baterías ha crecido a una velocidad tan rápida que su financiamiento ya es superior a la potencia de la energía eólica, lo que pone de manifiesto el importante valor que el mercado industrial otorga a la flexibilidad y confiabilidad del suministro diario.
El flujo de dinero a la energía solar mostró, a consecuencia de los cambios de política y de las alteraciones de las condiciones arancelarias, un cierto aletargamiento, pero esta tecnología todavía representa casi el 40% de todo el gasto que va a emplearse en la generación de potencia. Finalmente, la planificación del tendido eléctrico convencional concentra la gran mayoría del esfuerzo gubernamental.
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