El Síndrome de Fukushima, la metáfora de nuestros tiempos

(…) La tragedia de Japón irradiada desde Fukushima ha derivado en la pérdida de miles de vidas humanas, la desaparición de casi una ciudad entera debido al terremoto y tsunami y la afectación a la central nuclear de Fukushima ocasionando explosiones en el núcleo de la misma con terribles consecuencias. Ello derivó en el cese de provisión de energía para más de seis millones de personas y el peligro inminente, pero encubierto, de graves efectos en salud de la población por la contaminación radiactiva. Los esfuerzos de la empresa TEPCO por mantener su imagen de eficiencia y control de la situación para mantener el negocio de vender y exportar energía nuclear a los países “menos desarrollados”, se fueron derrumbando a través de la tragedia del pueblo japonés sometido a una agobiante desinformación y mensajes de salud pública contradictorios. La peor radiografía estuvo en la dramática situación de sus trabajadores inmolados en la absurda tarea de “controlar” el desborde ofrendando sus vidas.

Lecciones de Fukushima, un año después. El Informe de Greenpeace

El pasado 6 de marzo, la organización Greenpeace presentó en España el informe: Las lecciones de Fukushima, en el cual se explica cómo el terremoto y el tsunami no causaron el accidente nuclear de la planta de Fukushima Daiichi en la costa este de Japón hace un año. La principal conclusión de Greenpeace sobre este desastre nuclear es que podría repetirse en cualquier central nuclear en el mundo, lo que pone en situación de riesgo a millones de personas, teniendo en cuenta que un accidente nuclear ha tenido lugar aproximadamente cada siete años, de promedio.

Fukushima o el descubrimiento del cisne negro

Montar la materia en un crisol inhabitable por un objetivo tan trivial como hacer calentar el agua o el vapor para mover turbinas y generar electricidad, tiene un extraño parecido a los gestos del aprendiz de brujo de Paul Dukas. Acumular series independientes de riesgos extravagantes, es exponerse a la aparición de lo impensable para los ingenieros, quienes, como las aseguradoras y entidades financieras, siempre tenderán a querer salvar su juguete terriblemente caro, aunque provoque la avalancha nuclear, es decir una contaminación pluricentenaria del entorno viviente (humano, animal, vegetal). Ya es hora de pasar a otras aventuras del espíritu, de la ciencia y de la tecnología en nombre de la vida presente y por venir.

Fukushima: Es mucho peor de lo que se imagina. Científicos expertos creen que el desastre nuclear de Japón es mucho peor de lo que los gobiernos revelan al público

“Tenemos 20 núcleos nucleares expuestos, los tanques de combustible tienen varios núcleos cada uno, es decir, un potencial que hay que liberar 20 veces mayor que el de Chernóbil”, dijo Gundersen. “Los datos que estoy viendo muestran que estamos encontrando lugares peligrosos más lejos que en el caso de Chernóbil, y la cantidad de radiación en muchos de ellos era la cantidad que llevó a que algunas áreas se declarasen tierra de nadie en Chernóbil. Vemos que se encuentran a 60 y 70 kilómetros del reactor. No se puede limpiar todo eso. Todavía hay jabalíes radioactivos en Alemania, 30 años después de Chernóbil.” dice Gundersen.

Fukushima 2012: contaminación de la cadena alimentaria planetaria

Hoy, siete semanas después del tsunami del 11 de marzo de 2011, la situación de los reactores de la central nuclear de Fukushima-Daiichi se degrada inexorablemente. El 28 de abril, TEPCO anunciaba que la radioactividad ambiente era del orden de 1220 millisievert/por hora, lo que corresponde casi a 10 millones de veces la dosis radioactiva artificial admisible en Francia (1 millisievert/por año). TEPCO, famoso por sus grandes mentiras desde el principio de la crisis, comienza a preparar al mundo entero ante la eventualidad, más que probable, de su incapacidad para controlar esta catástrofe nuclear en 9 meses, tal como lo prometió. El umbral mínimo de radioactividad es una gran estafa científica. Recordemos que, según los expertos en endocrinología, no existe dosis mínima de contaminación radiactiva.

Fukushima o la inhumanidad capitalista. ¿Quién se preocupa de los fogoneros, empleados de mantenimiento?

Las condiciones impuestas a los fogoneros de la nuclear de Fukushima muestran que la salud de los seres humanos no es la primera preocupación de los industriales y gobernantes. Los trabajos más peligrosos los realizan los asalariados de las empresas subcontratadas que echan cables para restablecer la electricidad, despejan los cascotes que se amontonan por todas partes, riegan los reactores privados de sistemas de enfriamiento e intentan relanzar el funcionamiento de los equipos, etc. Viven 24 horas al día en un entorno contaminado. Faltan dramáticamente equipos de protección, van calzados con botas de caucho o botines de plástico, estan mal alimentados. Esto muestra la inhumanidad cotidiana del capitalismo para quien la salud y la vida de los trabajadores o de las poblaciones vecinas, víctimas de la contaminaciónes sólo una variable ajustable, como el salario.

Adiós a la energía nuclear

El cambio climático y el final del petróleo barato habían venido como anillo al dedo a los partidarios de la opción eléctrica nuclear. Mantenían que ésta era limpia, no emitía CO2, era más barata que la solar y, con las nuevas maneras, bastante segura. Se anunciaba ya una nueva era de renacimiento nuclear. Pero Fukushima ha venido a estropear la fiesta a los pronucleares. En este articulo se demuestra que no es limpia, sí emite CO2, es inconmensurablemente cara, peligrosa y militarista, e implica altisimos riesgos para la salud y el medio ambiente.

Quo vadis Japón? Fukushima supera los niveles radiactivos de Chernobyl

El gobierno de Japón elevó de cinco a siete el nivel de gravedad en las instalaciones nucleares dañadas y destruidas en Fukushima, utilizando el arbitrario dictamen INES (Escala Internacional de Incidentes Nucleares) para medir la gravedad radiológica. Las contradicciones y omisiones oficiales sobre el desastre nuclear japonés nos permitieron indagar el real impacto de los reactores que se hallan en vías de fusión o literalmente colapsados; en notas anteriores anunciábamos que las emisiones radiactivas de Fukushima superaban holgadamente a las de Chernobyl. ¿Nos adelantamos a la decisión oficial que ahora se hizo pública? El síndrome de la evacuación, del gran éxodo, pende sobre un pueblo que ha comenzado a perder su territorio y aparece la pregunta ¿adónde?

El aviso de Fukushima

Seguramente en su noticiero preferido la tragedia nuclear se ha reducido en espacio y tiempo, aunque la amenaza radioactiva no ha menguado y sigue surcando vientos y océanos sin entender de patrias, lenguas y banderas. La radiación aumenta fuera de la zona de exclusión, aparece en alimentos y atraviesa el Pacífico para esconderse en la leche estadounidense… aunque inocuamente según dicen.