Todos somos “nación culebra”

Pablo Cingolani ha recorrido la selva boliviana, peruana y brasileña. Y se ha convertido en el defensor de su pureza. Su libro es una requisitoria a favor de sus fueros amenazados por una niebla de miseria. Pero más que un simple reclamo ecologista (que también lo tiene) su demanda –hecha con apasionada firmeza– es por el habitante de esa enmarañada hermosura, por el ser humano que sistemática y consuetudinariamente viene siendo diezmado en nombre de un progreso y una civilización devastadores, sin el menor resquicio de preservación de su ser mismo, de su cultura, de su poesía de su poder de creación.

Campesinerías

“Os voy a contar brevemente una maravillosa costumbre de las gentes de campo, se le llama un "turno peón", al menos así le llamamos en Coín. Pero está extendido con otros nombres en cualquier zona rural del mundo. Se trata de cooperar y ayudarse entre los vecinos cuando hay una tarea que necesita más mano de obra, por ejemplo: cuando había que sacar las patatas, varios vecinos se juntaban e iban rotando por las fincas de cada uno hasta que las sacaban todas: hoy me toca a mí, mañana a ti… Un gesto precioso que nos hacia la vida más humana y llevadera"

Fortunas y delitos. La mentira del amianto

Cada cinco minutos muere una persona a causa de una enfermedad provocada por el amianto. De aquí al 2030 medio millón morirán en Europa de un cáncer causado por el amianto; cada año van a morir unas 140.000 personas en el mundo que hace entre veinte y cuarenta años estuvieron expuestas a este mineral y en total unos 10 millones seremos sus víctimas en 2030. A toda esta matanza hay que añadir los inenarrables y atroces sufrimientos de los afectados y de sus familiares. Es la primera causa de muerte profesional. La serie de horrores continuará porque si en la “civilizada” Europa se prohibió el mineral casi totalmente desde 2005, en Canadá, en los países emergentes y en los empobrecidos (China, India, Brasil, México) la extracción y consumo van en aumento.