La organización emitió un nuevo informe que aborda el impacto de la contaminación acústica generada por los vehículos. La problemática, que se suma a la emisión de gases contaminantes por la combustión de hidrocarburos, afecta principalmente a los grupos con problemas de salud previos y a los adultos mayores.
Los coches, un problema sanitario con distintas aristas
La discusión en torno al rol de los clásicos autos de gasolina y diésel en la contaminación ambiental se acentuó ante las alarmantes cifras que evidencian el empeoramiento del calentamiento global y exigen medidas concretas para detener las emisiones tóxicas. Para dimensionar la situación, según cifras de la EPA «un vehículo de pasajeros típico emite 4,6 t de dióxido de carbono al año».
Al respecto, la Unión Europea, en un informe publicado en 2019, advirtió que el transporte fue responsable de una cuarta parte de las emisiones de CO2 de los países integrantes en ese mismo año. Por este motivo, la mayor parte de las acciones implementadas como parte de la estrategia ambiental desplegada por los gobiernos estuvo dirigida a promover alternativas de transporte de bajas emisiones, como los vehículos eléctricos (VE).
En particular, la industria de los eléctricos se abrió paso en las grandes urbes, cuyos habitantes no pueden prescindir de los autos particulares para su traslado cotidiano, y en donde los coches enchufables se presentan como una opción para conciliar la necesidad con las metas de descarbonización.
Según datos de Wood Mackenzie publicados en septiembre, las ventas de VE registraron un aumento en Asia y Europa, principalmente asociado con el incremento del costo de los hidrocarburos, alcanzado por el conflicto en Medio Oriente. Pero el ahorro financiero y de emisiones no son las únicas ventajas que ofrecen estos transportes.
En 2024, la firma Iberdrola llamó la atención sobre la disminución de la contaminación acústica que conlleva el uso de unidades eléctricas. Según datos de la ONU, los ruidos que superan los 55 decibelios por día y los 50 decibelios por noche son perjudiciales para la salud.
En comparación, Iberdrola señaló que una carretera con tráfico agitado puede alcanzar los 90 decibelios. En esta línea, la European Environment Agency (EEA) dio a conocer los nuevos resultados de un relevamiento que pone el foco en el impacto de la contaminación por el ruido de los vehículos en poblaciones de riesgo.
¿Cuáles son los grupos de riesgo?
La principal conclusión del estudio fue que «el ruido del transporte afecta a toda la población, pero ciertos grupos pueden experimentar una carga desproporcionada debido a una mayor susceptibilidad, mayores niveles de exposición o una menor capacidad para afrontar estos sonidos».
Los expertos explicaron que el ruido emitido por el tráfico de rodado, ferroviario y aéreo «es más que una simple molestia»: la exposición crónica a este estímulo puede alterar procesos básicos como el sueño y la respuesta al estrés, desencadenando fenómenos como el estrés oxidativo, la inflamación y la desregulación hormonal.
Teniendo en cuenta esto, las personas más vulnerables son aquellas que presentan enfermedades cardiovasculares, problemas de salud mental y dificultades auditivas. Los adultos mayores también presentaron mayor riesgo, correlacionado con la prevalencia de enfermedades crónicas en esta franja.
En los niños, el ruido del transporte demostró ser una variable con influencia en afecciones del aprendizaje, la memoria, la atención y el metabolismo. Asimismo, el informe señala que las personas con menor poder adquisitivo cuentan con pocos recursos para evitar o mitigar el ruido del transporte, al registrar menor movilidad residencial y acceso limitado a entornos tranquilos.
La problemática en cifras
La EEA recordó las estadísticas que indican que, solo en 2021, la exposición prolongada a sonidos contaminantes se relacionó con 73 mil muertes prematuras, 49 mil nuevos casos de enfermedades cardiovasculares y 23 mil nuevos casos de diabetes tipo 2 en Europa.
En este contexto, el organismo instó a las autoridades a implementar políticas para reducir la exposición al ruido en toda la población, priorizando la salud de los grupos de riesgo; a fortalecer la evidencia científica sobre la problemática y sus consecuencias y adoptar una mirada integral de salud, que ponga en valor los factores ambientales.
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