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Motor

El Jumbocruiser apareció en la década de los 70 para revolucionar el transporte terrestre con lujos y hasta un bar, pero sus creadores no tomaron en cuenta que 144 pasajeros mal distribuidos podían concentrar demasiado peso en una sola sección y durante un viaje el gigantesco bus no resistió

Por Skarlett Soto · 10 agosto, 2026 · 11:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El Jumbocruiser apareció en la década de los 70 para revolucionar el transporte terrestre con lujos y hasta un bar, pero sus creadores no tomaron en cuenta que 144 pasajeros mal distribuidos podían concentrar demasiado peso en una sola sección y durante un viaje el gigantesco bus no resistió
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En los años setenta hubo un autobús tan grande que parecía imposible.

Tenía dos pisos, una articulación en el medio y hasta un bar para los pasajeros.

La idea era sencilla: llevar mucha más gente en cada viaje sin renunciar a la comodidad.

Durante un tiempo pareció que podía cambiar para siempre el transporte por carretera.

Pero la realidad terminó siendo bastante distinta.

Entre accidentes, problemas para circular y algunos errores de diseño, aquel gigante acabó desapareciendo mucho antes de lo que sus creadores imaginaban.

¿Qué fue lo que salió mal con el famoso Jumbocruiser?

El autobús que quería competir con los aviones

A mediados de los años setenta viajar en avión todavía no estaba al alcance de cualquiera.

Las compañías de autobuses seguían siendo la opción más utilizada para recorrer largas distancias en Europa y Neoplan creyó que había encontrado una forma de hacer esos viajes mucho más rentables.

En 1975 presentó el Jumbocruiser durante el Salón del Automóvil de Frankfurt.

El nombre no era casualidad.

Tomaba como referencia al Boeing 747, el famoso «Jumbo», porque pretendía hacer en la carretera lo mismo que ese avión había conseguido en el aire: transportar a muchísimas personas en un solo viaje.

Y, desde luego, llamaba la atención.

Era un autobús articulado de dos pisos como nunca se había visto.

No llegaron a fabricarse muchas unidades.

La mayoría trabajó en Alemania, aunque algunas también hicieron rutas hacia Bélgica, España y Portugal.

Incluso una terminó viajando por Japón.

Con los años recibió pequeñas mejoras, como el cambio de ubicación del motor hacia la parte trasera, pero la idea original nunca dejó de ser la misma: mover más pasajeros que cualquier otro autobús de su época.

Por dentro parecía más un salón que un autobús

Lo primero que sorprendía era el tamaño.

Medía casi 19 metros de largo y unos cuatro metros de alto.

Mover un vehículo así tampoco era sencillo.

Pesaba alrededor de 28 toneladas y necesitaba un enorme motor Mercedes-Benz V12 para ponerse en marcha.

Aunque podía llevar hasta 144 pasajeros, muchas empresas preferían instalar menos asientos para ofrecer un viaje más cómodo.

Y ahí aparecía uno de sus mayores atractivos.

En la parte trasera del piso inferior había un baño, un gran maletero y un pequeño bar.

Hoy puede parecer algo normal, pero en aquella época era una rareza.

La idea era que los pasajeros pudieran levantarse, conversar o tomar algo durante el recorrido.

Viajar en este autobús se parecía mucho más a estar dentro de un salón que a hacer un trayecto convencional por carretera.

El gigante empezó a encontrar obstáculos

Sin embargo, una cosa era verlo en una feria y otra muy distinta hacerlo funcionar todos los días.

Con el paso del tiempo empezaron a aparecer problemas que sobre el papel nadie había imaginado.

Uno de los episodios más conocidos ocurrió cuando muchos pasajeros se concentraron al mismo tiempo en la zona del bar.

El peso quedó demasiado repartido hacia una misma parte del vehículo y uno de los ejes terminó sufriendo daños.

Aquello hizo evidente que un autobús de semejantes dimensiones necesitaba controlar incluso cómo se distribuían las personas durante el viaje.

Después llegaron otros inconvenientes.

Uno de estos vehículos volcó en una autopista francesa cuando cubría una ruta entre Bélgica y España.

A partir de entonces, Francia endureció las restricciones para este tipo de autobuses articulados, complicando todavía más sus recorridos internacionales.

Y aún quedaba otro problema.

Con un radio de giro cercano a los 24 metros, entrar en muchas estaciones de autobuses era casi una misión imposible.

Maniobrar en ciudades tampoco resultaba sencillo.

Todo eso hacía que mantener uno de estos gigantes fuera mucho menos rentable de lo que parecía.

Con el paso de los años, el proyecto fue desapareciendo.

Neoplan terminó integrada en MAN, dentro del Grupo Volkswagen, y el Jumbocruiser pasó de ser una apuesta de futuro a convertirse en una pieza de colección.

Algunas unidades sobrevivieron transformadas en casas rodantes.

Otras acabaron en museos.

Hoy sigue siendo uno de esos vehículos que llaman la atención apenas aparece en una fotografía.

No porque cambiara la historia del transporte, sino porque se atrevió a intentar algo que casi nadie había imaginado antes: convertir un autobús en un auténtico gigante de la carretera.

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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