Las disrupciones en el estrecho de Ormuz a raíz de la guerra crean un escenario de completa incertidumbre para el mundo entero. Es que no solo representan una amenaza para la estabilidad energética internacional, sino también para la seguridad alimentaria, dada la escasez de fertilizantes y otros recursos necesarios para la producción. Hoy, abordaremos las 4 principales consecuencias de este complicado escenario.
1. Presión sobre la producción
El sector energético fue el principal afectado durante la crisis en Ormuz, con escasez de petróleo y una volatilidad de precios en el mercado que repercute en los productos alimenticios de diferentes maneras. Es que estos recursos están presentes en todo el proceso productivo de alimentos: el diésel alimenta la maquinaria agrícola y los sistemas de riego, mientras que los fertilizantes y otros insumos sirven para la cosecha.
En este marco, la mayor presión está puesta sobre los fertilizantes, cuyos precios aumentaron de manera exponencial, lo que ha encarecido el proceso de producción de alimentos. Esto llevó a que muchos productores disminuyeran su actividad, poniendo en riesgo la disponibilidad de alimentos. Mientras tanto, aquellos que siguen activos trasladan el precio a los ciudadanos, quienes también sienten la guerra en sus bolsillos.
2. Más costos para los agricultores
Dicha presión sobre los fertilizantes repercute en los balances financieros de los agricultores, ya que representan casi un tercio de sus costos de producción. Y si a esto le sumamos el aumento del diésel y del transporte, los gastos incrementan aún más, lo que afecta las decisiones sobre los cambios y cultivos que sembrar. Y no solo eso, sino que también podría bajar la calidad de producción, algo que tendría impacto directo en la seguridad alimentaria y en la salud de las personas.
En este marco, los productores comenzaron a buscar opciones que permitan mitigar el impacto financiero, siendo una de ellas el ahorro en fungicidas o en semillas. No obstante, eso pondría en riesgo la producción final. Otra alternativa que encontraron los agricultores es la sustitución de cultivos por otros que requieren menos fertilizantes, lo que disminuye la variedad de productos en el mercado.
3. Cambios en la competitividad de los cultivos
Existen diversos productos que sufren el doble durante la crisis provocada por el cierre del estrecho de Ormuz, sobre todo aquellos cultivos más sensibles a los fertilizantes y a las condiciones climáticas. Entre los más afectados se encuentra el maíz, que depende en gran medida del nitrógeno y requiere mucha maquinaria, además de ser vulnerable al calor y la humedad.
Esta situación repercute directamente en la competitividad de los cultivos en el mercado, ya que el precio no será el mismo para aquellos que necesitan de los fertilizantes para producirse en grandes cantidades. Es por eso que productos como la soja, que necesita mucho menos nitrógeno, podrían ganar protagonismo frente al arroz o al trigo, los cuales son alimentos esenciales, pero sus costos de producción complican su llegada a las góndolas.
4. Irrupción en las temporadas de siembra
Actualmente, la situación en el estrecho de Ormuz es bastante compleja, con habilitaciones temporales, amenazas y ataques que complican las navegaciones. Mientras tanto, las reservas de fertilizantes comienzan a agotarse y las temporadas de siembra sienten la presión. Según expone un informe del Foro Económico Mundial, las restricciones afectarían la siembra de trigo de invierno a nivel mundial y reducirían su oferta en la primera mitad de 2027.
La producción de arroz también podría verse afectada, ya que la extensión de la guerra en Oriente Medio por unos meses más perjudicaría la siembra en gran parte de las regiones tropicales. Esta amenaza se replicaría en Estados Unidos, donde el maíz sentiría las consecuencias a finales de 2026 y durante el primer semestre del 2027.
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