A más de medio año de iniciada la crisis entre EE. UU. e Irán, se analizan las consecuencias en seguridad que han influido en el mundo. En una entrevista de académicos e invitados del CSIS, debatieron sobre las políticas y adaptaciones que ha implicado la crisis en el estrecho de Ormuz. Una situación que hasta el día de hoy sigue siendo de alto impacto mundial por sus efectos secundarios.
La guerra entre EE. UU. e Irán sigue influyendo en el mundo
Los conflictos mundiales suelen tener incidencia directa en los mercados globales. En el caso de la crisis de Oriente Medio, no es la excepción. La seguridad energética, comercial y la transición sostenible a nivel mundial presentan incertidumbres por la guerra que parece no terminar.
Ante un escenario incierto con condiciones por parte de los involucrados que no se han resuelto a lo largo de los años, los mayores implicados son los mercados globales. La volatilidad que ocasiona una crisis en el estrecho de Ormuz motiva que la seguridad se mantenga en vilo. A pesar de que con el paso del tiempo ha mejorado, no se mantiene estable.
Los mercados globales son propicios a la volatilidad; como se manejan por la oferta y demanda, cualquier variación en el suministro genera cambios. En este caso, el tráfico en el estrecho de Ormuz se ha visto interrumpido en ciertas ocasiones, o limitado. Dicho escenario causa mayor incertidumbre a ciertos mercados dependientes de esta ruta que mueve gran parte del comercio energético mundial.
La seguridad energética y la transición sostenible a nivel mundial están bajo presiones
Expertos en la materia aseguran que tanto la seguridad energética como la transición sostenible producen presiones en todo el mundo. Los mercados globales han tenido que adaptarse a los cambios para sobrevivir. Esos cambios implican una mayor producción de petróleo en ciertos países, como es el caso de Estados Unidos, que busca exportar y suministrar al mercado ante el desabastecimiento por los conflictos de Ormuz.
Por otra parte, otros países han reducido sus importaciones de petróleo y están con miras hacia la electrificación. Como los precios internacionales suelen estar bajo volatilidades, los países están buscando alternativas viables para proteger su seguridad energética y fomentar la transición sostenible.
Si algo nos ha dejado la guerra hasta este momento, es que actualmente no se puede depender de un solo suministro. La diversificación y electrificación son un paso hacia el futuro sostenible que puede liberar las presiones en los mercados en el largo plazo. Sin embargo, la cadena de suministro, que es básica para la producción actual de tecnologías renovables, también puede verse comprometida con los cambios de los países para amortiguar los impactos de la guerra.
Los colchones de seguridad de los países cada vez son más delgados. Esto marca una etapa de incertidumbre entre las importaciones y exportaciones, que trae como consecuencia un conflicto financiero para las naciones. La transición hacia vehículos eléctricos, baterías y energías renovables está generando seguridad para afrontar la crisis del petróleo por el estrecho de Ormuz.
A más de medio año de la guerra, las consecuencias podrían afectar a largo plazo
Los meses han pasado y, aunque el conflicto se ha estabilizado de cierta manera, las consecuencias a largo plazo todavía están por verse. EE. UU. apunta con el acuerdo petrolero con Venezuela a resolver el tema del abastecimiento petrolero y los precios de la gasolina. No obstante, la seguridad energética y de suministros para la transición puede verse afectada en el largo plazo.
El estrecho de Ormuz sigue siendo una ruta clave para la seguridad de energías e insumos, por lo que la incertidumbre y el riesgo energético se mantienen hasta solventar la situación completamente. La crisis puede transformar a futuro hacia la electrificación, diversificación de proveedores y rutas, así como aumento de reservas estratégicas.
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