La vida submarina se encuentra bajo peligro y el PNUMA ha destacado 4 ecosistemas azules capaces de frenar el cambio climático que están en crisis. Ante la posibilidad de que las temperaturas sigan en aumento, la protección de ecosistemas marinos es fundamental para soportar los efectos del cambio climático. El gran problema es que se encuentran con posibilidades de desaparecer en los próximos años.
1. Bosques de algas marinas
La vida en el fondo del mar es diversa, necesaria y con gran influencia sobre el cambio climático. Proteger los ecosistemas azules asegura un océano sano y productivo. Los bosques de algas marinas pueden capturar el dióxido de carbono; además, ofrecen refugio y alimento para nutrias, focas, pulpos, aves marinas y grandes peces depredadores; son un sustento esencial para la biodiversidad.
Por desgracia, de acuerdo con estadísticas de la ONU, en los últimos 50 años, hasta el 60 % de los bosques de algas marinas se han degradado. Las algas marinas requieren del frío, por lo que las olas de calor influyen en su degradación, junto a otras amenazas por especies invasoras, sobreexplotación, contaminación y calidad del agua.
2. Los manglares como solución natural
Otro de los puntos relevantes para combatir el cambio climático son los manglares. Tienen un papel fundamental para proteger las costas y frenar los impactos climáticos. Los manglares contienen oxígeno y acumulan los sedimentos finos que permiten mejorar la calidad del agua. A su vez, son refugio de más de 1500 especies, muchas de ellas en peligro de extinción.
Su función como defensa costera natural contra marejadas ciclónicas, tsunamis, el aumento del nivel del mar y la erosión costera son solo algunas de las funciones básicas de los manglares. Por consiguiente, la pérdida de manglares puede tener impactos significativos y duraderos en la salud, la seguridad y la prosperidad de millones de personas, además de dificultar la lucha contra el cambio climático y la capacidad para afrontarlo.
El riesgo de extinción está aumentando para el 44 % de las especies asociadas a los manglares. La buena noticia es que la pérdida de manglares se ha estabilizado en general desde 2016, pero requiere de acciones concretas de protección, restauración y cuidado para conservar estos ecosistemas azules vitales para la biodiversidad.
3. Praderas de las aguas poco profundas
De acuerdo con el PNUMA, las praderas marinas protegen las costas de la erosión, almacenan carbono y contribuyen a la seguridad alimentaria al proporcionar zonas de cría vitales que sustentan poblaciones de peces saludables, de las que depende el 20 % de las pesquerías más grandes del mundo. Aunque solo cubren el 0,1 % del lecho marino, las praderas marinas almacenan hasta el 18 % del carbono oceánico mundial.
Según el PNUMA, la cartografía y el seguimiento de las praderas marinas en los últimos años ha sido mayor, lo que ha permitido comprender mejor su valor. Casi el 30 % de la superficie mundial de praderas marinas se ha perdido desde finales del siglo XIX y al menos 22 de las 72 especies de praderas marinas del mundo están en declive.
4. Los arrecifes de coral que albergan biodiversidad marina
Un arrecife de coral puede tardar hasta 10 000 años en formarse a partir de un grupo de larvas. Dependiendo de su tamaño, los arrecifes de barrera y los atolones pueden tardar entre 100 000 y 30 000 000 de años en formarse por completo. Los arrecifes de coral ocupan menos del 1 % del fondo oceánico, pero albergan más del 25 % de la vida marina. Poseen la mayor biodiversidad de cualquier ecosistema a nivel mundial.
Sin embargo, también son uno de los ecosistemas más vulnerables. Se ha creado un plan global para restaurar ecosistemas y garantizar la seguridad, por lo que abordar con urgencia el cambio climático global, al tiempo que se reducen los factores de estrés ambiental, es fundamental para la protección de ecosistemas azules.
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



