La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha lanzado una contundente advertencia global, dado que 2025 fue uno de los años más secos en cuanto al agua de los ríos de los últimos 35 años. Con base en un estudio científico minucioso que recoge simulaciones hidrológicas, observaciones directas y lecturas, se ha determinado que más del 36 % de la superficie de las cuencas fluviales del mundo tuvo caudales por debajo de lo que debería tener. Este es un nuevo indicador de la aceleración de un ciclo hidrológico cada vez más excéntrico, errático e incierto, con oscilaciones cada vez más marcadas entre sequías severas e intensas lluvias.
Sequía histórica en las principales cuencas fluviales del planeta
La inquietud que manifiesta el informe radica en que, por séptimo año consecutivo, solo una clara minoría de cuencas fluviales mantuvo un caudal que se ajustara a las condiciones normales en una escala internacional. En el año 2025, únicamente entre el 34 % y el 38 % de los ríos del mundo se encontraron dentro de los límites normales, una cifra que está muy por debajo del promedio histórico del 46 % que se ha acreditado formalmente en el periodo 1991-2020.
Esta constante disminución de la disponibilidad de agua dulce superficial tiene un impacto directo en los ecosistemas fluviales y se traduce en una reducción severa de la cantidad de agua disponible para el consumo doméstico, la generación de energía hidroeléctrica y el riego agrícola.
El efecto físico de este déficit de caudales se tradujo de forma habitual en espacios de gran interés económico y demográfico. Entre las zonas más golpeadas se sitúan extensiones enteras de América del Norte, cuencas de gran importancia de América del Sur como la del Amazonas, el Río de la Plata y el São Francisco o extensiones que abarcan gran parte de Europa del Este, Oriente Medio y Asia Central.
La disminución de los glaciares
Aparte del flujo que también puede percibirse en los ríos, el estudio de la OMM activa las alarmas por el cambio de las reservas profundas de agua dulce que registran una caída ininterrumpida desde hace tiempo. La secretaria del organismo, Celeste Saulo, equiparó esta fuente de recursos que se acumulan lentamente con la cuenta de ahorros del planeta, un seguro para ir haciendo frente a las sequías que impedía que la situación llegara a ser crítica.
Sin embargo, la información permite dar cuenta de la tendencia histórica de que dos tercios de los 47 pozos de control a nivel global estaban en una situación que se alejaba de lo que se consideraba como normal en 2025, acentuando los déficits de las reservas hídricas del centro norte de Estados Unidos, de partes de México, de Europa central, de la India y de Australia.
Esta pérdida de las reservas de agua de los continentes se ve dramáticamente incrementada por el retroceso que también están sufriendo todos los glaciares del planeta: por cuarto año consecutivo se han observado mermas masivas en todas las montañas del mundo. Solo entre 2023 y 2025 el deshielo que se ha producido cuadró los 1540 millones de toneladas cortas de agua de las cuales una porción significativa se perdió durante el último año hidrológico, aportando un equivalente a 0,04 pulgadas de incremento directo al nivel del mar.
Impacto de los desastres hidrometeorológicos
La fuerte modificación del ciclo natural del agua ha propiciado una nueva oleada de desastres hidrometeorológicos extremos con las consiguientes repercusiones socioeconómicas que se manifiestan cuando los desastres impactan desproporcionadamente a las comunidades más vulnerables. En el periodo de los cinco últimos años, el 50 % de los eventos extremos relacionados con el agua en Asia y África registraron una gran cantidad de muertes relacionadas con intensos monzones, ciclones e inundaciones. La OMM realiza un enérgico llamado a fortalecer la cooperación internacional y unificar sistemas.
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