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El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo aboga por acelerar la protección de la naturaleza como base del desarrollo humano

Por Luz Vaquero · 18 octubre, 2026 · 5:05 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo aboga por acelerar la protección de la naturaleza como base del desarrollo humano
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La biodiversidad del planeta está en declive, y a gran velocidad, poniendo en peligro la viabilidad de la economía mundial y del desarrollo humano. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que la crisis ambiental se manifiesta con señales cada vez más difíciles de ignorar. Estas notifican que hay más de un millón de especies en peligro de extinción y que el tamaño promedio de las poblaciones de vida silvestre monitorizadas ha disminuido por encima del 70 % en los últimos 50 años.

El impacto económico y la dependencia humana de los ecosistemas

Lejos de competir con la industria o el desarrollo empresarial, la naturaleza constituye la base en la que se apoya toda la economía moderna. Más de la mitad de la economía mundial depende moderada o altamente de la naturaleza, y a la vez el PIB global casi expresa en su totalidad la importancia de los servicios ecosistémicos, como por ejemplo, la polinización agrícola.

La degradación de los ecosistemas no solo comporta la pérdida de bosques o ríos como el único resultado, sino que también comporta menos producción agrícola, más inseguridad alimentaria, más presión sobre los recursos hídricos y más riesgos para las empresas. Para miles de millones de personas, esta sustantividad es directa y diaria: más de 1600 millones de personas dependen de los bosques para subsistir, encontrar trabajo o generar ingresos y la pesca y la acuicultura permiten el modo de vida de más de 600 millones de personas en el mundo.

Financiación y el Marco Mundial de la Biodiversidad

La confianza de las negociaciones de la COP17 se encuentran en la primera revisión mundial del Marco Mundial de la Biodiversidad de Kunming-Montreal, la cual fue adoptada en 2022 en la COP15 por cerca de 200 países y contiene 23 objetivos ambiciosos para 2030. Las metas más destacadas son las siguientes: generar una conservación efectiva para el 30 % de las áreas dejadas del continente, así como las marinas y costeras del mundo, y la reforma o disminución de subsidios e incentivos perjudiciales para la biodiversidad de al menos los US$500 mil millones anuales.

Lograr estas metas requiere llevar a cabo un esfuerzo importante, para lo cual se estima movilizar un mínimo de los US$200 mil millones anuales hasta el 2030, reuniendo recursos nacionales, capital privado y financiación internacional. Varios países llevan a cabo mecanismos innovadores para lograr estas metas de recaudación. En Marruecos, una inversión de US$350 millones se destina a la economía azul para permitir una recuperación sostenible de la pesca y restaurar los ecosistemas marinos y costeros. En Tailandia, crearon una tarifa de visitantes por menos de un dólar en la isla de Koh Tao, generando fondos que se destinan exclusivamente a la protección de su frágil ecosistema marino.

Implementación de proyectos a escala global del PNUD

Para que la naturaleza forme parte del proceso de toma de decisiones económicas del Estado, el PNUD lleva hasta sus últimas consecuencias el apoyo a la cartera de biodiversidad más extensa de toda la ONU. A través de iniciativas de buena gobernanza como BIOFIN o la Promesa de la Naturaleza (Nature Pledge), la agencia llevó a cabo proyectos en 145 países en el año 2025, movilizando US$3900 millones, además de otros US$14 000 millones en cofinanciación.

En Ucrania, el PNUD apoyó la elaboración y adopción de la primera Estrategia Nacional de Conservación de la Biodiversidad de Ucrania, y sentó las bases normativas para articular la conservación natural con la recuperación del país de la guerra. Estas intervenciones se adecuan con precisión a las necesidades de cada región geográfica y ecosistema. En Colombia, las comunidades locales y el PNUD trasladan el conflicto humano-jaguar a una excepcional oportunidad de coexistencia basada en la educación y el ecoturismo, protegiendo casi 500 000 hectáreas de corredores biológicos y creando nuevos medios de vida.

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