La generación de energía a través de la incesante combustión de los combustibles fósiles ha terminado por ser el pilar de la actual crisis del clima global. El carbón, el petróleo y el gas natural constituyen el gran responsable del calentamiento global, pues producen directamente más de las tres cuartas partes de las emisiones totales de los gases de efecto invernadero y aproximadamente el 90 % de todo el dióxido de carbono que se respira en la atmósfera terrestre. La ciencia del clima señala con claridad que, para conseguir evitar los impactos medioambientales más negativos y devastadores, es absolutamente imprescindible disminuir estas agresivas emisiones hasta casi la mitad para el año 2030 y alcanzar la deseada cifra de 0 emisiones netas para el 2050.
La soberanía energética y la caída de los costos operativos
En el actual contexto geopolítico, algo más del 80 % de la población del mundo vive en naciones importadoras netas de combustibles fósiles, lo que equivale a alrededor de 6000 millones de personas que cada día dependen de recursos energéticos procedentes de otros lugares. Dicha dependencia estructural aplastante deja a la gran mayoría de las economías en una situación de gran vulnerabilidad ante la intensidad de las crisis internacionales.
De la misma manera, la ONU dice que todos los países tienen fuentes de energías renovables en sus territorios de las que todavía no han explotado todo el potencial productivo. Según los exhaustivos cálculos de la Agencia Internacional de Energías Renovables, hay capacidad técnica probada para que el 90 % de toda la electricidad mundial esté fabricada por fuentes renovables para 2050, a salvo de otros cambios inesperados en los precios de los carburantes. Junto a las ventajas de refuerzo de la seguridad nacional, las energías renovables son hoy la opción financiera más económica para la mayor parte del mundo.
El impacto muy grave en la salud pública mundial
La dependencia de los hidrocarburos genera una auténtica catástrofe en la salud de miles de millones de habitantes de la Tierra. La Organización Mundial de la Salud ha hecho públicos unos datos muy alarmantes: el 99 % de la gente del planeta respira todos los días un aire que, en el mejor de los casos, no llega a la mínima calidad en la que podría considerarse que una persona no corre ningún peligro por ello, poniendo en permanente y grave riesgo la integridad física de toda la humanidad.
De hecho, los informes médicos internacionales dicen que cada año hay desgraciadamente más de 13 millones de muertes prematuras, las cuales son producidas de manera directa por el estado del medioambiente en el que se vive y las cuales se podrían evitar en más de la mitad de los casos, poniendo de relieve que la contaminación del aire es una de las causas más mortales para la humanidad. La gran mayoría de estos niveles perjudiciales de materiales suspendidos en forma de pequeñas partículas tóxicas y dióxido de nitrógeno se originan principalmente a partir de la incesante quema de carburantes fósiles a nivel mundial.
Generación de empleo y la necesidad económica
La transición a una economía sin emisiones no solo contribuirá a preservar el clima, sino que liberará un incremento expansivo de la demanda de personal especializado para el sector energético mundial. Los pronósticos económicos indican que cada dólar estadounidense que sea invertido de manera efectiva en el sector de energías renovables generará incluso hasta tres veces más puestos de trabajo que el mismo dólar que sea canalizado a la industria de combustibles fósiles.
La AIE estima que podrían llegar a perderse en torno a los 5 millones de puestos de trabajo que están directamente ligados a la antigua producción de combustible para el año 2030, pero se estima que a su vez se habrían de crear en este sector 14 millones de puestos de trabajo modernos para la producción de energías limpias.
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