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El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aborda las consecuencias radioactivas de los ensayos nucleares de EE. UU. en las Islas Marshall

Por Luz Vaquero · 1 octubre, 2026 · 12:50 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aborda las consecuencias radioactivas de los ensayos nucleares de EE. UU. en las Islas Marshall
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La larga y destructiva herencia radioactiva originada por las pruebas de bombas atómicas que llevaron a cabo los Estados Unidos en las Islas Marshall ocupó el centro de la controversia diplomática en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de la ONU. En el marco de la discusión sobre el impacto de las 67 pruebas nucleares que son conocidas y que se llevaron a cabo desde 1946 hasta 1958, la Alta Comisionada Adjunta de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Awa Dabo, denuncia con rotundidad que los efectos de aquellas detonaciones continúan en los cuerpos de las personas marshalesas, así como en «tierras envenenadas y comunidades desplazadas» hasta hoy.

Destrucción ecológica en atolones y los ecosistemas marinos

Las primeras y más importantes consecuencias de los 67 ensayos atómicos ejecutados son las alteraciones permanentes del equilibrado ecosistema ecológico de frágiles atolones coralinos que constituyen muchas millas de acres de tierra emergida con aguas someras en el océano Pacífico. Las explosiones bélicas no solo incineraron la vegetación nativa de los islotes de los atolones, sino que pulverizaron todo tipo de formaciones de arcos de corales. Por otra parte, las explosiones atómicas depositaron también insaturaciones de isótopos de vida larga.

Décadas después de las explosiones bélicas, extensas zonas de la costa continúan inutilizables para la agricultura tradicional o para el asentamiento humano, convertidas en paraísos biológicos que constituyen lugares de exclusión ecológica para siempre, donde los niveles de radiación de las islas atolónicas han convertido el regreso humano en temeroso y excluyente.
El envenenamiento del hábitat costero ha llevado a su destrucción de manera tal que ha arruinado las bases materiales de subsistencia de las poblaciones locales, las cuales dependían de los recursos pesqueros y la flora marina.

Consecuencias sanitarias crónicas y estigmatización social

Las repercusiones de la radiación ionizante en los seres vivos acaban configurando una tragedia humanitaria monstruosa que excede de lejos cualquier tipo de daño material en las tierras afectadas. «Prácticamente todas las familias marshalesas han estado afectadas por las consecuencias sanitarias duraderas de las pruebas nucleares, con tasas de cáncer elevadas», advertía Awa Dabo ante la asamblea internacional.

Las mujeres de la comunidad y sus allegados asumen el peso de unas angustiosas memorias de abortos espontáneos sistemáticos, de partos de mortinatos y de graves anomalías congénitas de los recién nacidos, anomalías que van asociadas directamente con la exposición a las partículas radioactivas que el viento iba esparciendo por encima de sus casas. A este imponente deterioro físico se une una profunda herida psicosocial que ha discriminado a las víctimas desde otras comunidades del Pacífico.

Hoy por hoy, las poblaciones afectadas por la radiación dañina cargan con un intenso estigma discriminatorio, llegando incluso hasta el extremo de ser denigradas con el apelativo de «gente del veneno» en los contextos regionales de acogida.

El reclamo de restauración y desmontaje de los datos militares

La envergadura del desastre sanitario y del desastre ambiental ha conducido a la ONU a sostener firmemente las demandas judiciales y morales de los pueblos afectados. «Las comunidades marshalesas tienen derecho a una reparación efectiva por los daños causados por las pruebas nucleares», pronunció tajantemente la funcionaria de derechos humanos.

Esta exigencia multilateral interroga directamente al Estado norteamericano para que asuma responsabilidades institucionales acordes al inmenso daño causado, requiriendo formalmente a las autoridades de Washington el acceso de manera urgente a todos los documentos militares, informes necesarios y documentos secretos relativos a la exposición a la radiación y a la información sobre explosiones. Disponer de un histórico de acceso público es clave para que científicos independientes puedan evaluar con exactitud cómo han disminuido las concentraciones de veneno radioactivo que se encuentran en el suelo.

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Luz Redactora
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