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Economía

Las 4 medidas clave para defender a los productores de alimentos ante el cambio climático

Por Luz Vaquero · 18 agosto, 2026 · 12:51 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Las 4 medidas clave para defender a los productores de alimentos ante el cambio climático
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La garantía de la seguridad alimentaria para todas las personas se presenta como el más importante de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, los datos de 2024 demuestran que, a pesar de los esfuerzos a nivel global, más del 8 % de la población del planeta (8,2 %) enfrenta el hambre. Para afrontar esta creciente emergencia, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) han elaborado un informe conjunto donde se recogen los impactos del calor extremo. Este análisis da lugar a las cuatro medidas o enfoques que la comunidad internacional y los países deben implantar en la defensa de la producción de alimentos.

1. Crear herramientas metodológicas y de evaluación nuevas

La primera acción crítica consiste en una revolución en la forma de medir y conceptualizar el impacto del calor extremo sobre la agricultura. Sobre la base del informe de la FAO y de la OMM, la utilización de eventos de calor extremo o de olas de calor como variable en la evaluación de daños a causa del calor extremo no ha sido ampliamente usada y presenta desafíos metodológicos.

De manera previsiblemente histórica, la investigación ha estado centrada en identificar umbrales de temperatura en los que empiezan a registrarse daños a rendimientos agrícolas, pero los modelos de cultivos raramente han registrado el estrés oxidativo o los daños a los órganos reproductivos de las plantas. La ciencia agrícola debe desarrollar curvas de respuesta de cultivos determinadas y revisar los modelos de simulación (como el simulador de sistemas de producción agrícola APSIM) para poder determinar la proporción de las pérdidas económicas y de producción asociadas con eventos extremos concretos. Sin una medición, no se puede construir una defensa agrícola.

2. Realizar actuaciones para combatir los eventos compuestos

El calor extremo raramente aparece de forma individual. La segunda de estas medidas clave consiste en programar defensas que tengan en cuenta el llamado «evento compuesto» o el «impacto compuesto». Los impactos a partir de los eventos compuestos, especialmente cuando hay calor extremo y sequías extremas, normalmente son mayores que aquellos que se producirían sumando los eventos individuales.

Las políticas agrícolas deben abandonar el esquema de una única dimensión y provocar planes de reducción de riesgos que puedan proteger a los productores con eventualidades donde un solo evento de calor extremo abruma simultáneamente cultivos, ganado y ecosistemas forestales por la magnitud del evento, la cercanía de las especies y el alcance de la extensión.

3. Disminuir la desigualdad socioeconómica en el campo

Cualquier medida de adaptación climática acaba fracasando si no se pone en consideración la desigualdad socioeconómica que el estrés térmico produce. La tercera medida, reducir drásticamente la desigualdad, consiste en proteger financieramente a los sectores más vulnerables.

En un informe de 2024 titulado, la FAO determinó que una desproporción de las familias o personas más pobres se ve afectada así:

En un año promedio, los hogares pobres pierden por estrés térmico un 5 % de sus ingresos totales respecto a los hogares en mejor situación.

Los impactos son incluso más perjudiciales en los hogares encabezados por mujeres, ya que estas experimentan pérdidas de ingresos anuales promedio de un 8 % debido al estrés por calor, en comparación con los hogares de hombres.

4. Gestión del riesgo y adaptación a la escala del sector

La cuarta medida imprescindible es crear una fuerte gobernanza del riesgo de calor extremo. Cuando comienza a aumentar el riesgo de choques de producción sincronizados de países exportadores de alimentos (lo que en su conjunto aumenta las inquietudes por la futura disponibilidad global de alimentos), los gobiernos deben trazar opciones claras de reducción del riesgo y adaptación climática. Esto significa reconocer el estrés térmico en las leyes agrícolas y desarrollar políticas públicas.

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