Cuatro osas negras fueron grabadas durante más de 22 000 horas mientras se preparaban para hibernar.
Un grupo de investigadores siguió cada uno de sus movimientos para intentar descubrir qué les indicaba que había llegado el momento de reducir su actividad y entrar en sus refugios.
Las cuatro estaban embarazadas y, mientras permanecían temporalmente en un centro de investigación, estuvieron expuestas a los cambios naturales de luz y temperatura.
Después de analizar sus comportamientos, los investigadores comenzaron a notar que no había una única señal detrás de la hibernación.
Entonces, ¿qué les indica realmente que llegó el momento de hacerlo?
Cómo siguieron durante meses cada movimiento de las osas
Un grupo de científicos de Virginia Tech realizó un trabajo que requirió bastante paciencia.
Analizaron 22 416 horas de videos grabados durante aproximadamente nueve meses en el Black Bear Research Center.
Las cámaras estuvieron enfocadas en cuatro osas negras silvestres y embarazadas que habían sido trasladadas temporalmente al centro.
Allí permanecieron en recintos exteriores, expuestas a las fluctuaciones naturales de temperatura y luz.
Durante esos meses, los investigadores presenciaron momentos muy especiales.
Vieron a las osas comer para acumular energía, trepar por los árboles, preparar sus refugios antes de que llegaran sus crías, dar a luz y cuidar a sus pequeños cachorros.
Después de analizar hasta 45 tipos diferentes de comportamientos, el equipo comenzó a encontrar algunos patrones.
Los días cada vez más cortos eran una señal importante.
Pero no era la única.
Incluso cuando los días ya se habían acortado, las temperaturas cálidas podían mantener a las osas más activas cuando se acercaba el período de hibernación.
Y eso plantea una pregunta importante si los inviernos continúan volviéndose más cálidos.
Qué podría pasar si los inviernos siguen siendo más cálidos
La luz del sol sigue prácticamente el mismo camino cada año.
Los días se acortan y se alargan siguiendo un patrón bastante predecible.
Pero las temperaturas pueden variar mucho más.
Los investigadores plantean que, si los inviernos se vuelven más cálidos, esas dos señales podrían dejar de coincidir como lo hacían antes.
Los osos podrían permanecer activos durante más tiempo en otoño o modificar el momento en que salen de sus refugios.
Ahí podría aparecer otro problema.
Si un oso permanece activo cuando la vegetación todavía está inactiva y hay menos recursos naturales disponibles, podría encontrar menos alimento.
Eso podría hacer que algunos animales buscaran con mayor frecuencia otras fuentes de comida, incluidas las relacionadas con las personas.
Y cuanto más se acercan a viviendas, basura o alimentos humanos, mayores son las posibilidades de que aumenten las interacciones entre osos y personas.
Pero cuando los científicos compararon las diferentes etapas de la hibernación encontraron algo todavía más interesante.
Ni la temperatura ni las horas de luz explicaban todo por sí solas.
Por qué la temperatura puede cambiar lo que la luz no cambia
Los investigadores analizaron cinco etapas fisiológicas relacionadas con la hibernación.
Y descubrieron que las señales no tenían la misma importancia en todas ellas.
La temperatura tuvo una influencia especialmente importante alrededor del inicio de la hibernación.
En tres de las cinco etapas estudiadas, además, la temperatura y el fotoperiodo, es decir, la cantidad de horas de luz, interactuaron entre sí.
Eso significa que no existe simplemente un calendario que les diga a los osos que llegó determinada fecha y deben comenzar a hibernar.
Utilizan diferentes señales ambientales.
Y hay una diferencia importante entre ellas.
La duración de los días mantiene un patrón bastante estable de un año a otro, mientras que la temperatura puede cambiar.
Por eso los investigadores plantean que inviernos más cálidos podrían modificar los períodos de actividad de los osos aunque las horas de luz continúen siguiendo prácticamente el mismo calendario.
Sin embargo, el estudio tiene una limitación importante
Solo participaron cuatro osas, todas eran hembras embarazadas y fueron observadas temporalmente en recintos exteriores del centro de investigación.
Por eso los resultados no pueden utilizarse para afirmar que todos los osos negros responderán exactamente de la misma manera.
Después del estudio, las cuatro fueron liberadas nuevamente en la naturaleza.
La investigación tampoco demuestra que los osos vayan a dejar de hibernar.
Lo que muestra es algo más concreto: una de las señales que utilizan para decidir cuándo reducir su actividad puede cambiar aunque los días continúen acortándose igual que antes.
Puedes revisar la investigación completa en: Holcombe, B. E., Kelly, M. J., & Mesa-Cruz, B. (2026). Untangling the influence of ambient temperature and photoperiod surrounding hibernation activity in American black bears (Ursus americanus). Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 293(2072), 20260374. https://doi.org/10.1098/rspb.2026.0374
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