Tortugas de Galápagos rastreadas por satélite revelaron un comportamiento nunca antes documentado
Las tortugas verdes del Pacífico son conocidas por recorrer miles de kilómetros entre sus zonas de alimentación y las playas donde se reproducen. Es uno de los viajes más documentados del mundo animal.
Por eso nadie esperaba lo que reveló el rastreo satelital de nueve tortugas de morfotipo amarillo en las Islas Galápagos: durante meses —en algunos casos más de un año— ninguna abandonó la Reserva Marina. En lugar de emprender la gran migración que los científicos anticipaban, se quedaron moviéndose en silencio entre islas cercanas.
Dos formas de tortuga verde comparten las mismas aguas
Las tortugas verdes del Pacífico (Chelonia mydas) no forman un grupo uniforme. Existen en dos morfotipos distintos, separados tanto en apariencia como en genética: el negro y el amarillo. Las de morfotipo negro se concentran principalmente en el Pacífico oriental, mientras que las de morfotipo amarillo están vinculadas a poblaciones del Pacífico occidental, mucho más lejanas.
Las Islas Galápagos representan un caso singular: ambas formas conviven en las mismas aguas costeras de alimentación, lo que las convierte en un laboratorio natural para estudiar cómo dos variantes de la misma especie pueden compartir territorio y, al mismo tiempo, seguir caminos completamente distintos.
El morfotipo amarillo era especialmente poco conocido. Los machos nunca salen a tierra a anidar, así que los investigadores tenían pocas oportunidades de observarlos directamente. El rastreo satelital ofrecía, por primera vez, una ventana real a sus movimientos.
Nueve tortugas, cientos de días de seguimiento
Entre 2015 y 2018, el equipo capturó nueve tortugas adultas de morfotipo amarillo cerca de las islas Española, Floreana, Isabela y San Cristóbal. Siete eran machos y dos, hembras. Cada animal recibió una etiqueta satelital Argos que transmitió su posición durante entre 45 y 418 días.
El Dr. John W. Rowe, profesor en Alma College y autor principal del estudio, tenía una expectativa clara antes de comenzar: esperaba registrar migraciones largas hacia el Pacífico occidental, donde se suponía que estas tortugas se reproducían. Era la hipótesis lógica, basada en lo que se sabía del comportamiento de la especie. Los datos llegaron y la contradijeron por completo. Ninguna de las nueve tortugas salió de la Reserva Marina de Galápagos durante los tres años del estudio, según medios como Science Alert.
Algunas se quedaron, otras viajaron entre islas
El comportamiento no fue idéntico en todos los animales. Cinco tortugas permanecieron principalmente cerca de la isla donde fueron capturadas, moviéndose en aguas costeras poco profundas, con salidas ocasionales hacia aguas más abiertas antes de regresar.
Las otras cuatro sí se desplazaron, aunque sin salir del archipiélago. Dos viajaron entre Isabela y San Cristóbal. Las otras dos tuvieron recorridos más amplios: una visitó Isabela y Española; la segunda, llamada Ainoa en el estudio, se movió desde San Cristóbal hasta Santa Cruz y luego hasta Isabela, acumulando el rango de hogar más grande registrado. Todos estos desplazamientos ocurrieron casi exclusivamente entre abril y octubre, durante la temporada más fría. Los rangos de hogar variaron de manera extraordinaria: desde apenas 24 km² hasta más de 27,000 km².

El misterio que el satélite no pudo resolver: ¿dónde se reproducen?
El rastreo respondió una pregunta, pero dejó otra abierta. Si estas tortugas no migraron durante el estudio, ¿dónde se reproducen? No se conocen playas de anidación de hembras de morfotipo amarillo en Galápagos. La suposición actual es que, eventualmente, sí migran al Pacífico occidental para regresar a las playas donde nacieron.
El Dr. Juan Pablo Muñoz-Pérez, de la Universidad San Francisco de Quito, señala que el contraste con el morfotipo negro es revelador. Las hembras de morfotipo negro sí anidan en Galápagos, con patrones muy variados: algunas son residentes permanentes, otras viajan a islas oceánicas cercanas, y hay quienes llegan hasta las costas de Centroamérica y Sudamérica.
El estudio tiene limitaciones importantes en este punto. Solo se rastrearon dos hembras de morfotipo amarillo, y algunos individuos podrían no haber alcanzado la madurez reproductiva durante el período de seguimiento. Las playas natales de estas tortugas siguen siendo desconocidas.
Por qué este hallazgo cambia las prioridades de conservación
El descubrimiento tiene consecuencias directas para la protección de estas tortugas. Si un animal depende de aguas alrededor de varias islas a lo largo de meses, el deterioro del hábitat en cualquier punto del archipiélago puede afectarlo. No basta con proteger la bahía donde fue capturado.
El Dr. Rowe lo plantea con claridad: la calidad del hábitat costero debe mantenerse en todas las islas, no solo en las zonas de captura. Las rutas entre islas y las áreas de alimentación forman un sistema interconectado, y los planes de conservación necesitan cubrirlo de manera integral.
Para avanzar, los investigadores apuntan a estudios futuros con más animales, períodos de seguimiento más largos y etiquetas capaces de registrar profundidad. Comparar el comportamiento diario de ambos morfotipos podría revelar diferencias que hoy permanecen invisibles. Seguir a las tortugas durante años, en condiciones oceánicas variables, ayudaría a entender qué impulsa realmente sus movimientos.
Por ahora, el archipiélago sigue siendo el centro de su mundo. La pregunta pendiente —adónde van cuando llega el momento de reproducirse— puede ser la que defina la siguiente fase de su conservación.
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