Cambio Climático

La NASA llega 30 años tarde

El efecto invernadero actúa en la atmósfera y por ende en el planeta Tierra, de la misma forma que lo hace un invernadero tradicional con el que se consigue conservar el calor y la humedad para que no escape al exterior. Un proceso, que lejos de ser negativo, es de vital importancia para la vida en la Tierra, puesto que sin este efecto invernadero, la Tierra sería 30º Celsius más fría que ahora, con lo que toda la Tierra estaría congelada y no sería posible la vida.

Por Mª José Navarro

En realidad es muy sencillo: la irradiación de onda corta del sol atraviesa la atmósfera sin grandes obstáculos y llega a la superficie terrestre. Allí esa irradiación se convierte en irradiación térmica, en calor, y luego la superficie de la tierra refleja de vuelta esa irradiación térmica, ese calor. Pero debido a los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, vapor de agua, metano y óxido nitroso), esta irradiación térmica no escapa al espacio y es nuevamente absorbida o reflejada de vuelta, es decir, que se produce una retención del calor en la superficie de la Tierra. Lo alarmante es que hemos llegado a un punto en el que la superficie terrestre no debería seguir calentándose más.

En el año 1800 la cantidad de metano en la atmósfera era de 0,7 partes por millón, hace relativamente poco tiempo se produjo una subida de 1,773 partes por millón, es decir más del doble. Sin embargo entre los años 1999 y 2006 las concentraciones se estabilizaron, aunque como era de esperar, en el último año ha vuelto a producirse una subida, siendo actualmente de 1,783 partes por millón. Demasiado en poco tiempo.

Los vacunos generan gran cantidad de metano debido al proceso de fermentación del alimento ingerido. En sus estómagos se procesan grandes cantidades de metano: 170 litros por res y día, habiendo quienes afirman que sería más correcto hablar de 300 litros, unos 44 kilos al año. Si en la Tierra existen unos 1.500 millones de vacas y 1.200 de ovejas, la cantidad generada alcanzaría unos 80 millones de toneladas, lo que sumado al que se genera por los excrementos, descomposición de materia orgánica, extracción y combustión de gas natural etc…, la cifra puede ser alarmante. Como alarmantes son las consecuencias que se derivarán de este proceso fuera de control y sobre el que apenas se actúa a nivel internacional. Sin lugar a dudas el cambio climático y sus efectos sobre la vida en la Tierra es el problema del siglo XXI. De hecho la NASA ya ha reconocido que el proceso de descongelación de los polos es irreversible, pero ¿sabe acaso la humanidad que este proceso supondrá un escenario de caos y sufrimiento sin igual en el planeta Tierra? Posiblemente aún no.

Sin embargo siempre hubo advertencias al respecto. Siendo una de ellas la que queremos destacar hoy, pues vino desde lo más alto, del Espíritu de Dios, quien hace ya muchos años a través de Su profeta y enviada, Gabriele, advirtió a la humanidad de que debería elegir una forma diferente de vivir, cambiar su forma de conducirse antes de que la catástrofe climática, producida por el ser humano, se cerniera sobre la humanidad. Algunas líneas arrojan luz al respecto: «Habláis de la atmósfera de la Tierra. La atmósfera de la Tierra es el mapa del mundo. Y en verdad os digo que tiene mal aspecto, pues hay grandes superficies que ya están oscuras. El estado actual indica lo que realmente sucederá en la Tierra, un caos sin igual. Aquí y allá la tierra se seca y arde. Los seres humanos sufren lo indecible bajo estas influencias. En las ciudades y en lugares diferentes brotan epidemias. ¿Quién se pregunta ya por ellas? ¿Quién reflexiona hoy sobre ello? El desierto se va extendiendo más y más.» Por tanto la humanidad fue advertida oportunamente, pero evidentemente no ha hecho caso a las advertencias.

Advertencias como estas procedentes «desde lo más alto» han estado siempre al acceso de todas las personas desde hace más de 30 años. Tampoco a los científicos que advierten por su parte también desde hace diez o veinte años se les ha hecho caso. ¿Por qué no? Sin duda porque el ser humano no quiere cambiar sus hábitos. En realidad no es nada nuevo, pues para el ser humano primero tiene que ocurrir una catástrofe para que cambie algo. Pero qué duda cabe de que se podrían haber reducido las emisiones de metano desde hace algunos años, y con ello haber evitado lo que ya es irreversible, la solución era y es sencilla y al alcance de todos: hacerse vegetarianos.

Ecoportal.net

Del programa: «El metano: ¿asesino del clima o portador de esperanza?»

www.radio-santec.com

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