¿Alguna vez te han dicho que puedes corregir tu postura?
Probablemente la respuesta sea sí, pero ¿sabías que los árboles también tienen una forma de hacerlo?
En un laboratorio, un grupo de científicos logró que varios álamos jóvenes comenzaran a enderezar sus troncos incluso después de impedir que usaran la dirección de la luz y la gravedad para orientarse.
Es un poco extraño, pero todo indica que una planta puede detectar que su tallo está curvado y activar una respuesta para corregirlo.
¿Cómo lo hace?
Cómo descubrieron los científicos el «sentido interno» de los álamos
Para descubrir cómo funciona realmente este mecanismo, un grupo de científicos del instituto francés INRAE y de la Universidad Clermont Auvergne diseñó un experimento de laboratorio bastante sencillo de entender.
Lo primero que hicieron fue poner de lado a varios álamos jóvenes dentro de macetas.
Al colocarlos horizontalmente, los árboles comenzaron a responder a la gravedad y sus pequeños troncos se fueron curvando hacia arriba.
Después de unos diez días, los tallos ya tenían una curva clara y bien marcada.
Entonces los científicos llevaron los árboles a un clinostato.
El nombre suena bastante extraño, pero básicamente se trata de un dispositivo que hace girar lentamente las plantas sobre un eje.
Además, los colocaron dentro de una esfera donde la luz llegaba de manera uniforme desde todas las direcciones.
De esta forma, los álamos ya no podían utilizar una dirección concreta de la gravedad ni de la luz como referencia para seguir creciendo.
Y ahí estaba la parte interesante.
Sin esas dos señales direccionales, todavía quedaba una información que podían detectar: la forma de su propio tallo y cuánto se había curvado.
Cómo funciona el «músculo» de madera de los árboles
Sin esas referencias externas, cualquiera podría pensar que los álamos ya no sabrían hacia dónde corregirse.
Pero siguieron modificando la forma de sus troncos.
¿Cómo era posible?
El secreto está en algo llamado madera de tensión.
Es un tipo de madera especial que funciona de forma parecida a un «músculo», ya que puede generar una fuerza de tracción sobre la estructura del tronco.
Cuando un árbol se inclina, esta madera ayuda a ejercer la fuerza necesaria para que vuelva a crecer hacia arriba.
Eso explica la primera parte del experimento.
Cuando los científicos colocaron horizontalmente los álamos, la madera de tensión se formó en el lado que ayudaba a levantar sus tallos.
Pero apareció un problema.
El tronco había conseguido curvarse hacia arriba, pero eso no significaba que estuviera recto.
Todavía tenía una curva bastante marcada.
Y ahora los científicos habían eliminado las señales direccionales de luz y gravedad que normalmente podían ayudarlo a orientarse.
Entonces, ¿cómo podía saber el árbol que todavía necesitaba corregir su forma?
Por qué el «músculo» apareció en el lado contrario
La respuesta apareció cuando los investigadores observaron la madera nueva que se estaba formando.
Los álamos dejaron de producir madera de tensión en el lado donde la habían formado durante la primera parte del experimento.
Y empezaron a producirla en el lado contrario.
Ese cambio generó una fuerza en la dirección opuesta y, durante las semanas siguientes, los tallos fueron reduciendo su curvatura.
Eso era justamente lo que los científicos querían comprobar.
Sin una dirección útil de la gravedad o de la luz, los árboles todavía podían detectar la curvatura de su propio tallo y responder a ella.
A esta capacidad se la conoce como propiocepción
En otras palabras, el árbol no solo responde a lo que ocurre a su alrededor. También utiliza información sobre la forma de su propio cuerpo para controlar su postura.
Esta capacidad puede ser especialmente importante en la naturaleza.
Después de una tormenta, un deslizamiento o cualquier situación que incline su tronco, un árbol no solo necesita volver a crecer hacia arriba.
También necesita recuperar poco a poco su forma.
Y este experimento mostró algo bastante curioso sobre cómo puede conseguirlo.
El árbol no necesita únicamente saber dónde está arriba.
También necesita saber qué forma tiene su propio tronco.
Puedes revisar el estudio completo en: Caulus, A., Hartmann, F. P., Badel, É., Ploquin, S., Brunel-Michac, N., Ruelle, J., Decourteix, M., & Moulia, B. (2026). Proprioception drives tension wood formation for autotropic straightening and postural control in trees. New Phytologist. https://doi.org/10.1111/nph.71238
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



