La Unión Europea y Estados Unidos mantuvieron una relación comercial con altibajos en los últimos años, marcada por la imposición de aranceles que la administración del presidente Donald Trump introdujo en marzo del 25% al acero y aluminios europeos, lo que hizo que reaccionen desde Bruselas.
Bajo este aspecto, la Comisión Europea diseñó un plan de contramedidas, como lo estarían pensando también en Canadá, para equilibrar el impacto económico de estas tarifas. Sin embargo, la UE trabajó en la preparación de sanciones comerciales de igual magnitud, que incluirían impuestos a productos estadounidenses valorados en 28 000 millones de dólares.
Por otro lado, algunos países miembros de la UE pidieron un enfoque más estratégico antes de proceder con estas medidas. En este contexto, la Comisión tomó la determinación de hacer un ajuste en su calendario de implementación y se enfrenta a un dilema: proteger a sus industrias estratégicas y responder con firmeza a las acciones de Washington o buscar una solución negociada que evite una escalada mayor.
Las sanciones podrían modificar sus fechas: los detalles
En un comienzo, la Comisión Europea determinó imponer un primer grupo de aranceles por 4.900 millones de dólares el 1 de abril, en continuación de un segundo conjunto de medidas por 18.000 millones de euros el 13 de abril. De igual manera, el comisario de Comercio de la UE, Marcos Sefcovic, anunció que estas fechas podrían ser modificadas para permitir más tiempo de negociación.
Cabe mencionar que el motivo principal del retraso es la posibilidad de sincronizar ambas rondas de aranceles (los detalles sobre Europa que anuncian imposición de aranceles) y así facilitar las discusiones con los Estados miembros sobre los productos que se verán afectados tras estas medidas.
En ese sentido, este cambio responde a la intención de evitar un incremento innecesario del conflicto comercial con Washington. También, las medidas punitivas podrían postergarse hasta mediados de abril, con el objetivo de explorar alternativas diplomáticas antes de aplicar las sanciones.
Algunos productos específicos que se encuentran en disputa
Para ponernos en contexto, este tema de los aranceles trae conflictos entre los productos que se encuentran en el centro de la disputa, como lo es el whisky bourbon estadounidense, al cual la UE planeaba imponer un arancel del 50%. Este punto despertó contrapuntos dentro del bloque, con países como Francia e Italia expresando dudas sobre la conveniencia de penalizar este producto.
En lo que respecta a Estados Unidos, el gobierno de Trump amenazó con responder con tarifas del 200% sobre vinos y otras bebidas alcohólicas procedentes de Europa si la UE seguía adelante con sus sanciones. Al suceder esto, desde Bruselas se preocuparon, ya que una escalada arancelaria de esta magnitud afectaría la industria vitivinícola europea, en Francia, España e Italia, que son grandes exportadores.
En la actualidad, por ganar tiempo y mantener abiertas las opciones de diálogo antes de proceder con represalias comerciales de gran magnitud (Estados Unidos confirma que deportados a El Salvador). Además, desde la Comisión Europea, buscando ganar tiempo para evaluar el impacto de las medidas y evitar una confrontación directa con Washington.
Unión Europea lleva su negociación: consecuencias económicas
Según el portavoz de Comercio de la UE, Olof Gil, el retraso no implica una reducción del impacto de la respuesta europea, sino una manera de ajustar los tiempos y maximizar la maniobra. Algunas fuentes comunitarias indicaron que varios países pidieron retrasar la imposición de aranceles con el motivo de tener mayor margen de negociaciones.
En este sentido, Bruselas busca mantener una relación de diálogo con Estados Unidos, pero al mismo tiempo asegurar que cualquier represalia comercial tenga un impacto equivalente a las tarifas impuestas por Washington. El Banco Central Europeo (BCE) avisó sobre las posibles consecuencias económicas de una guerra comercial prolongada.
Asimismo, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló que los aranceles podrían reducir el crecimiento del euro en hasta 0,5 puntos porcentuales en caso de que el conflicto se intensifique. También, el aumento de costos en bienes importados podría aumentar la inflación en el porcentaje ya mencionado, lo que afectaría tanto a consumidores como a empresas.
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