¿Sabías la relación de la Vía Láctea y la astrología con los pueblos indígenas? A pesar de todos los años de diferencia con nuestra época actual, una cultura como los nahuas ya tenía conocimiento de la existencia de fenómenos astronómicos que, de hecho, los usaban a su favor. Hoy en día, sus revelaciones nos siguen impresionando y demostrando las capacidades de la mente humana.
Los nahuas revelaron secretos de la Vía Láctea y el origen de su creación
México está enclavado entre secretos ancestrales, que hasta el día de hoy nos sirven como base para comprender el universo que nos rodea. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), hay una figura que fue deidad para los nahuas y nos enseña el origen de la Vía Láctea. Se trata de la figura de Citlalicue, “La Señora de la Falda de Estrellas”. Aunque la NASA tiene otra teoría y descubren el «creador del universo», lleva ahí desde el Big Bang.
Esta deidad representa la relación entre la vida y la muerte, dando origen al cosmos y la Vía Láctea, que conocemos según la cultura de los nahuas. De hecho, fue ella quien dio luz al pedernal que cayó a la Tierra, exactamente en Chicomoztoc, el legendario lugar de origen de los pueblos nahuas. Por tanto, esta figura representa el patrimonio cultural de los ancestros y sus creencias.
¿Qué representaba la Vía Láctea para los nahuas y culturas indígenas?
La Vía Láctea era muy venerada por los mayas y nahuas. La llamaban el Árbol del Mundo, representado por un árbol alto y majestuoso en flor, la Ceiba. El Árbol del Mundo estaba erguido cuando Sagitario se alzaba en el horizonte. En ese momento, la Vía Láctea se elevaba desde el horizonte y ascendía hacia el norte. Las nubes de estrellas que forman la Vía Láctea eran vistas como el árbol de la vida, de donde provenía toda la vida.
Cerca de Sagitario, el centro de nuestra galaxia, donde el Árbol del Mundo se encuentra con la Eclíptica, los mayas le dedicaban especial atención. Un elemento importante del Árbol del Mundo es el Monstruo Kawak, una cabeza gigante con un kin en la frente. Este monstruo también era un monstruo de montaña o witz. Un cuenco de sacrificio sobre su cabeza contiene una hoja de pedernal que representa el sacrificio y el glifo Kimi, que representa la muerte.
Sin el resplandor de las luces de la ciudad, la Vía Láctea se distingue de forma excepcional en una noche despejada. Los antiguos mayas la consideraban un símbolo visible de la Gran Ceiba, que se alzaba en el centro del universo. También se le conocía como el Sac Be o “Camino Blanco”, que atraviesa los distintos niveles celestiales. La parte negra que la coronaba era considerada por algunos como el Ek Ue, “Lugar de los Sueños Negros”.
Los pueblos ancestrales veneraban y tenían gran conocimiento en astrología
Uno de los logros más destacados de los mayas e indígenas nahuas fue su conocimiento de la astronomía. Construyeron observatorios y registros astronómicos que se usaron para predecir futuros eventos celestes. Estas predicciones les permitió determinar la fecha de las actividades agrícolas, las ceremonias religiosas y otros eventos (quizás tendrían conocimiento de este túnel que pasa por la Vía Láctea: nos lleva a esta parte del universo).
Eran capaces de predecir eclipses, el movimiento de los planetas y el ciclo lunar. También observaban y registraban la posición de las estrellas, incluyendo la Vía Láctea. Creían que la Vía Láctea era un camino sagrado que conducía al inframundo y al más allá. Estudiaban los movimientos de Venus, considerado uno de los cuerpos celestes más importantes. Asociaban a Venus con el dios Quetzalcóatl, figura clave en la mitología maya.
Con tanta documentación visual sobre los nahuas y sus revelaciones de la Vía Láctea y el universo, México es como un museo patrimonial, repleto de saberes ocultos en cada rincón de sus monumentos y ciudades ancestrales. Un reflejo de que el origen del universo y el cosmos, siempre ha sido tema de preocupación por la humanidad.
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