Dentro del Vaticano, cada vez que un Papa muere o renuncia, se pone en marcha uno de los rituales más herméticos del mundo moderno: el Cónclave, que comenzó este miércoles y generó que casi 50.000 personas abandonen la Plaza de San Pedro tras la fumata negra, esperando que se decida en los próximos días.
A partir del segundo día del proceso, como en esta ocasión, el jueves 8 de mayo, los cardenales se encierran en la Capilla Sixtina y celebran hasta cuatro rondas de votación al día para escoger a su nuevo líder. La jornada comienza temprano, con una misa a las 7:30 (hora local), seguida del rezo de laudes a las 9.
Cabe mencionar que el procedimiento se repite a las 16 horas, con otras dos votaciones y una nueva fumata que suele verse entre las 17:30 y las 19 horas. Sin embargo, si no se alcanza el consenso requerido de dos tercios (89 de los 133 votos posibles), los cardenales regresan a la Casa de Santa Marta a la espera de un nuevo intento al día siguiente.
El nuevo Papa se enfrentará a un momento íntimo antes de asumir
Cuando ya se sabe quien es el cardenal elegido con el quórum necesario, no se dirige directamente al balcón de San Pedro. Antes, atraviesa un pasillo lateral que lo lleva a una pequeña habitación anexa a la Capilla Sixtina.
Este lugar se llama la “Sala de las lágrimas”, si bien su nombre no figura en los protocolos vaticanos, pero refleja lo que suele ocurrir allí: una mezcla de llanto y reflexión profunda. Allí el cardenal elegido se cambia de vestidura (acá te contamos más detalles al respecto) y se coloca la sotana blanca que lo identifica como el nuevo Pontífice.
En este ambiente reservado se realiza en soledad o acompañado por un asistente, la decisión final de aceptar o rechazar la elección, aunque en tiempos modernos no fue rechazada, esto hace que “muera” su rol como uno entre muchos y nace su identidad como cabeza de la Iglesia.
La elección del Papa tiene procedimientos detallados
Para votar, los cardenales utilizan unas papeletas, estas mismas se distribuyen antes de cada ronda de votación en donde cada cardenal escribe el nombre del elegido, las dobla, y las deposita en una urna, previa invocación solemne ante Cristo.
Si alguno está enfermo, tres cardenales designados como infirmari recogen su voto en sus habitaciones y lo llevan de vuelta a la Sixtina. Además, el recuento lo hacen tres escrutadores que verifican y leen en voz alta los nombres.
Si surge cualquier irregularidad, como papeletas duplicadas o una cifra que no coincide con el número de votantes, obliga a repetir la votación. De todas formas, una vez confirmado el resultado, los votos se ensartan en un hilo, se contabilizan y se queman.
El proceso de selección puede extenderse con una pausa en el medio
El proceso que se lleva a cabo es muy meticuloso, ya que esta acompañado por una doble estufa que permite producir humo blanco o negro, que fue establecido para garantizar transparencia, pese a que ocurre a puertas cerradas cualquier violación al secreto conlleva una excomunión automática.
Cabe mencionar que si tras 12 votaciones todavía no hay Papa, se establece una pausa de un día, cuando se realiza a este ritmo de votaciones de cuatro jornadas, dos por la mañana y las otras por la tarde, continúa en ciclos, con descansos cada siete intentos.
Por último, en este cónclave si no hay elección hasta el sábado 10 de mayo, el receso será el domingo 11, la última vez que un pontífice fue elegido en la primera votación ocurrió hace más de 700 años, y en este 2025 no se rompió la racha, ya que más de 50 000 personas en la la Plaza de San Pedro presenciaron que la chimenea largó el humo negro el miércoles.
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