Los vecinos del Upper West Side, en Manhattan, llevaban varias noches escuchando unos gritos que los tenían desconcertados.
No parecían los sonidos habituales de Nueva York. Eran chillidos agudos que se repetían cuando oscurecía y que, por momentos, resultaban bastante inquietantes.
Uno de los residentes, contó que él y su esposa llegaron a pensar que había un niño sufriendo en algún lugar cercano.
La explicación terminó siendo muy diferente.
En una torre de agua, sobre los edificios del vecindario, había una familia de lechuzas de campanario criando a sus pequeños.
El descubrimiento despertó tanta curiosidad que comenzaron a llegar personas con cámaras y binoculares para observarlas.
Y había una buena razón para tanto interés: los especialistas no conocían un caso semejante en Manhattan en tiempos modernos.
Por qué encontrar estas lechuzas en Manhattan es tan extraño
Nueva York tiene una gran variedad de aves. En Central Park, por ejemplo, es común encontrarse con personas que salen a observarlas.
Pero una cosa es ver un ave de paso y otra muy distinta es descubrir que una familia de lechuzas de campanario está criando a sus pequeños en plena ciudad.
Andrew Farnsworth, del Laboratorio de Ornitología de Cornell, explicó que no se conocían registros modernos de esta especie anidando en Manhattan.
Además, Nueva York se encuentra cerca del límite norte de su distribución habitual. Sus poblaciones también han disminuido en el estado durante las últimas décadas.
Los observadores identificaron al menos cinco jóvenes y creen que podría haber dos adultos.
No pudieron contarlos todos de inmediato porque las aves permanecían dentro de la torre y solo algunas se dejaban ver.
A veces aparecía una cabeza en la abertura. Otras noches, los vecinos escuchaban los llamados, pero apenas alcanzaban a distinguir algún movimiento.
Con las fotografías tomadas durante varios días pudieron conocer un poco mejor a la familia.
Todavía no está claro por qué eligieron esa torre de agua. Lo cierto es que encontraron allí un lugar donde instalarse y sacar adelante a sus crías.
Los sonidos que terminaron reuniendo a los vecinos
Elisabeth Williams y su esposo comenzaron a escuchar los chillidos en septiembre. Durante un tiempo no supieron qué animal podía hacer semejante ruido.
A Thomas Obersteiner le ocurrió algo parecido. Cuando descubrió que se trataba de lechuzas, empezó a prestar atención a lo que sucedía en la torre.
Y no fue el único.
Al caer la tarde, comenzaron a reunirse vecinos y aficionados a las aves con la esperanza de verlas salir.
Algunos llevaban binoculares. Otros preparaban sus cámaras y esperaban a que apareciera alguno de los adultos.
No siempre conseguían ver mucho. Las lechuzas podían permanecer ocultas durante bastante tiempo y salir cuando ya había poca luz.
Obersteiner incluso permitió que varios fotógrafos observaran desde su terraza. Una noche llegaron a reunirse unas 20 personas.
Para algunos vecinos era la primera vez que se interesaban tanto por las aves.
Aquella torre de agua, que probablemente habían visto cientos de veces sin prestarle atención, ahora era lo primero que buscaban con la mirada cuando empezaba a oscurecer.
Aunque no todos estaban pendientes únicamente de conseguir una buena fotografía. También había preocupación por lo que pudiera pasarles a las lechuzas.
Qué cuidados necesitan las lechuzas mientras crían a sus pequeños
Las lechuzas pueden haberse acostumbrado a los ruidos de la ciudad, pero eso no significa que deban soportar personas acercándose constantemente a su nido.
Los adultos necesitan salir a buscar alimento y regresar para atender a los jóvenes.
Por eso, la recomendación es sencilla: observarlas desde lejos, sin hacer ruidos para llamar su atención ni utilizar linternas que puedan molestarlas.
Tampoco conviene acercarse a la torre para intentar conseguir una fotografía.
Entre los observadores existe otra preocupación: los venenos utilizados para controlar roedores.
Las lechuzas cazan ratones y otros pequeños mamíferos. Si alguno ha consumido determinados rodenticidas, el ave que lo capture también puede intoxicarse.
No se ha informado que eso haya ocurrido con esta familia, pero es un riesgo conocido para las aves rapaces.
Por ahora, los vecinos siguen mirando hacia la torre cuando llega la noche.
No saben cuánto tiempo permanecerán allí las lechuzas ni cuándo los jóvenes comenzarán a independizarse.
Lo que sí saben es que aquellos gritos que al principio les parecían tan extraños ahora tienen una explicación.
Y algunos incluso esperan escucharlos otra vez, porque significan que la familia sigue allí, sobre los techos de Manhattan.
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