Las grandes águilas están dejando los parques eólicos, pero no por la razón que la mayoría cree.
Durante casi veinte años, un grupo de biólogos estudió las poblaciones de aves en Oregón y Washington y encontró algo inesperado: mientras algunas rapaces disminuyeron, los cuervos aumentaron su presencia.
Y lo más interesante es que el problema no parece limitarse a las aves que chocan contra las turbinas.
¿Qué está pasando entonces alrededor de estos parques?
Cómo cambia la vida en el aire cuando se instalan turbinas
Para entender qué estaba ocurriendo realmente, un grupo de biólogos recuperó datos sobre aves que se habían recopilado antes de que se construyeran 18 parques eólicos.
Luego volvieron a contar a los pájaros en esos mismos lugares años después.
También hicieron la comparación con cuatro áreas donde no se habían instalado parques eólicos.
Y ahí apareció una diferencia importante.
Especies como el águila real, el halcón ferruginoso y el halcón de las praderas habían disminuido.
Los científicos vieron que estas aves también estaban perdiendo terreno en las zonas sin parques eólicos. Es decir, las turbinas no podían explicar por sí solas lo que estaba ocurriendo.
Pero había un detalle que llamó la atención.
En los parques eólicos, la disminución proporcional de estas tres especies fue más del doble que en las áreas utilizadas como referencia.
Mientras tanto, los cuervos siguieron el camino contrario y aumentaron su presencia.
Eso sugiere que los parques eólicos pueden estar sumando una presión adicional sobre algunas especies que ya enfrentaban otros problemas en la región.
El paisaje también cambia alrededor de las turbinas
Para las aves, instalar un parque eólico significa mucho más que levantar unas cuantas torres.
También aparecen caminos, zonas despejadas y otras modificaciones en lugares que antes utilizaban para volar, cazar o reproducirse.
Aves como las águilas aprovechan las corrientes de aire que suben por las colinas para planear sin gastar tanta energía. Y algunos de esos lugares también son adecuados para instalar turbinas.
Por eso, el problema no se puede entender mirando solamente las aspas.
Los cambios en el terreno pueden terminar favoreciendo a unas especies y perjudicando a otras.
Los cuervos, por ejemplo, se adaptan muy bien a ambientes modificados por las personas.
Y aunque no son aves rapaces, pueden competir por lugares de anidación y alimentarse de huevos o polluelos.
Todo esto puede cambiar poco a poco la comunidad de aves que vive alrededor de un parque.
Contar cadáveres bajo las turbinas no cuenta toda la historia
Este es uno de los puntos más interesantes del estudio.
Durante mucho tiempo, una de las formas más comunes de medir el impacto de los parques eólicos sobre las aves ha sido buscar animales muertos debajo de las turbinas.
Pero eso muestra solamente una parte del problema.
Un ave puede no morir al chocar con una pala y, aun así, dejar de utilizar una zona después de que el paisaje cambia.
También importa saber qué especies siguen viviendo allí, cuáles empiezan a desaparecer y cuáles ocupan su lugar.
Por eso, los investigadores consideran importante observar estos lugares durante años y no quedarse únicamente con el número de colisiones.
De hecho, las poblaciones también bajaron en las áreas sin turbinas.
Lo que sí muestra es que en los parques estudiados esa caída fue mayor.
Y esa diferencia es importante.
Si queremos producir energía limpia sin pasar por alto lo que ocurre con la fauna, no basta con mirar cuánta electricidad genera una turbina.
También tenemos que mirar qué está pasando alrededor de ella.
Puedes revisar el artículo completo en: Watson, J. W., Cherry, S. P., McNassar, G. J., Gerhardt, R. P., & Keren, I. N. (2025). Long-term changes in nesting raptor communities after construction of wind power projects. Journal of Raptor Research, 59(1), 1–14. https://doi.org/10.3356/jrr2424
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