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Energía

Tras cinco años de disputa, la empresa que construirá un parque solar de 100 MW y ocupará 527 acres dentro de un área clave para búhos y aguiluchos en Nueva York, quedó obligada a financiar la compra de un hábitat permanente para proteger a estas aves

Por Skarlett Soto · 1 septiembre, 2026 · 10:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Tras cinco años de disputa, la empresa que construirá un parque solar de 100 MW y ocupará 527 acres dentro de un área clave para búhos y aguiluchos en Nueva York, quedó obligada a financiar la compra de un hábitat permanente para proteger a estas aves
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¿Se puede generar energía limpia sin dañar el hogar de especies en peligro de extinción?

Durante más de cinco años, un proyecto solar generó un fuerte debate en Nueva York.

Pero ahora, una compañía de energía y una organización que protege la naturaleza llegaron a un acuerdo importante.

La compañía construirá un parque de energía solar que tendrá 100 MW de potencia.

Estará en más de 500 acres de tierra importantes para búhos y otras aves de pastizal.

¿Será esta la solución para que las energías renovables convivan con los animales?

Por qué este proyecto solar generó una disputa de más de cinco años

La controversia empezó cuando una empresa energética eligió más de 500 acres en el condado de Washington para construir una nueva planta solar.

Por un lado, todo parecía perfecto: los dueños de los terrenos querían alquilar sus tierras y el lugar tenía fácil acceso a las líneas eléctricas.

Sin embargo, había un gran problema.

El terreno está dentro del Centro de Conservación de Aves de Pastizal del condado de Washington, una zona considerada importante para estas aves.

Muchas de ellas necesitan espacios enormes, planos y sin árboles ni edificios para poder construir sus nidos y cazar a ras del suelo.

Grupos de conservación alertaron de que colocar tantos paneles solares y construir caminos de acceso afectaría un hábitat muy delicado. Solo quedan unas 50 parejas reproductoras de búhos campestres en todo el estado.

Aunque el gobierno estatal pidió al principio proteger 216 acres para compensar la obra, los ambientalistas dijeron que esa cifra se quedaba corta frente al impacto que podía causar el proyecto.

Esa diferencia llevó la disputa al terreno legal y prolongó durante años el enfrentamiento entre dos causas importantes: la urgencia de generar energía limpia y la necesidad de proteger a las aves locales.

En qué consiste el acuerdo alcanzado para proteger a las aves

Tras un largo proceso de negociación, la organización ambiental Grassland Bird Trust y la compañía Boralex cerraron un marco de colaboración que pone fin a la disputa legal y permite avanzar con el proyecto Fort Edward Solar.

Como parte del acuerdo, la empresa aportará fondos a la organización para adquirir y proteger de forma permanente terrenos importantes dentro del área de conservación.

Así, las aves de pastizal tendrán zonas protegidas y destinadas a conservar su hábitat.

A cambio de esta inversión y de otras medidas para reducir el impacto del proyecto, la organización ambiental retiró la apelación que mantenía abierto el conflicto legal.

El acuerdo también respeta los derechos de los agricultores locales a alquilar sus tierras y abre una nueva etapa de colaboración entre ambas partes.

Así, el proyecto no solo aportará energía limpia a la red y, según Boralex, generará unos 150 empleos en la región, sino que también financiará la adquisición y protección de nuevos hábitats para las aves de pastizal.

Qué lección deja este pacto para el futuro de las energías renovables

La solución lograda en Fort Edward muestra que producir energía limpia y cuidar a los animales no tienen por qué estar peleados.

Las empresas y las organizaciones ambientales pueden sentarse a hablar para buscar soluciones y reducir los daños cuando se construyen estos grandes parques solares.

Gracias a este acuerdo, se podrán comprar y proteger terrenos de pastizales de forma permanente.

Esto permitirá conservar hábitats para aves como el búho campestre, el aguilucho norteño, el pradero oriental y el bobolink.

Son parte de un grupo especialmente afectado: desde 1970, América del Norte ha perdido el 53 % de sus aves de pastizal.

Las energías renovables no son perfectas.

Sabemos que son un gran aporte, pero su impacto en la naturaleza es algo que no podemos ignorar.

La verdadera «energía limpia» también necesita encontrar la manera de proteger a las especies que viven en los lugares donde se desarrollan estos proyectos.

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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