El Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) compartió una lista de prioridades que la COP31 debería tener en su agenda para enfrentar la crisis climática actual. Según explicó, para que esta cumbre internacional tenga éxito, las autoridades deben impulsar soluciones en el área energética, fortalecer la resiliencia y reforzar la agenda basada en océanos.
Un contexto de crisis
La COP31 de este año se desarrolla en un contexto complicado, marcado por la guerra, la crisis económica y un impacto sin precedentes del cambio climático. Podemos tomar como ejemplo lo vivido en este último año, en el que la guerra en Oriente Medio creó una crisis energética que sacudió por completo al mundo entero. Esto provocó una escasez de combustible y fertilizantes, que se tradujo en un desequilibrio global del mercado.
Mientras eso ocurría, la crisis climática provocaba olas de calor extremas y sequías extensas, impulsando incendios de gran magnitud, al tiempo que otras regiones sufrían por inundaciones y deslizamientos de tierra. Todo esto se vio agravado por la consolidación de El Niño, que cambia las condiciones climáticas en todo el planeta, creando un escenario propicio para potenciar desastres naturales.
Si bien hasta ahora el fenómeno se sintió de manera contenida, la peor parte se registraría entre noviembre y diciembre, con un impacto de gran nivel, el cual podría extenderse hasta febrero del próximo año. Esto no haría más que intensificar el agobio ambiental, reduciendo recursos vitales, lo que representaría una amenaza para la economía de miles de comunidades. Frente a este escenario, el WRI destaca la necesidad de enfocar las soluciones en 3 áreas cruciales: la energía, la resiliencia y el océano.
Oportunidad única para el progreso
A pesar del complicado contexto actual, el Instituto de Recursos Mundiales promueve un discurso optimista. Un reciente informe resalta que la COP31 es una oportunidad única para avanzar en los planes y estrategias climáticas, reforzando áreas vulnerables e impulsando la coordinación internacional. No obstante, destaca que el verdadero progreso se conseguiría solo al abordar las áreas estratégicas nombradas anteriormente.
Una de las prioridades desde el punto de vista de la WRI es la necesidad de crear soluciones energéticas, que garanticen seguridad, estabilidad frente a las crisis globales y sean asequibles para todos. Desde su punto de vista, las perturbaciones registradas este año a raíz del cierre del estrecho de Ormuz deberían servir como catalizador para impulsar sistemas energéticos más resilientes.
En esta área, lo ideal sería avanzar en la electrificación, la que se considera como el motor de la transición energética. Recordemos que el objetivo global establecido por la COP es alcanzar una participación del 35 % en la demanda final de energía para el 2035. Sin embargo, las autoridades resaltan que esto debe estar acompañado por la erradicación de los combustibles fósiles y planes de implementación, para que los países no se queden solo con la teoría.
Como segundo ítem crucial de la agenda, las autoridades nombran los planes de adaptación y resiliencia. Esto consiste en un mayor financiamiento para que las comunidades puedan enfrentar los cambios climáticos y la crisis provocada por las consecuencias del mismo. Para esto, lo primordial será abordar las desigualdades y los déficits de financiamiento registrados en los países en vías de desarrollo.
El potencial del océano para la acción climática
Dentro de la lista de prioridades, el WRI también ubica al océano, que tiene un potencial clave para enfrentar la crisis climática. Según explicaron, las autoridades internacionales movilizaron alrededor de US$7500 millones para la acción oceánica y el 92% de los países incluyeron soluciones climáticas oceánicas en sus planes ambientales nacionales, pero todavía existen oportunidades sin explotar.
El organismo destaca que la implementación de estas medidas y una gestión 100 % sostenible tendrá repercusiones positivas, tanto para el medio ambiente como para las economías globales. Desde su punto de vista, la industria oceánica sostenible podría ser un área clave para el futuro económico, generando más de 51 millones de empleos en los próximos 20 años.
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