De cara a la COP31, el World Resources Institute (WRI) recomendó a las naciones abordar la planificación como eje para una transición energética exitosa e integral. El organismo llamó la atención sobre la falta de compromisos sólidos de parte de los líderes para avanzar en el abandono progresivo del uso de combustibles fósiles, pese a los esfuerzos por acelerar la adopción de fuentes limpias.
La descarbonización exige el reemplazo de los fósiles
La preocupación por el agravamiento del calentamiento global y sus efectos en la salud de ecosistemas y comunidades llevó a gobiernos, organismos internacionales y actores del sector privado a adoptar metas de descarbonización y a trazar estrategias para acelerar la descontaminación atmosférica.
Si bien los objetivos establecidos en documentos como el Acuerdo de París orientaron planificaciones nacionales, estatales y locales para la diversificación de su matriz energética con la incorporación de alternativas de bajas emisiones, para el WRI «pocos gobiernos han desarrollado planes explícitos para gestionar el consumo de combustibles fósiles», que es la verdadera problemática detrás del deterioro ambiental.
«Esto es importante porque la demanda de fósiles no disminuye automáticamente cuando crece la energía limpia», observaron desde la institución. En esta línea, remarcó que es necesario tomar acciones concretas para reducir la dependencia de los hidrocarburos, que aún condiciona la productividad de las industrias, la generación de energía y el transporte.
«Sin dicha planificación, los gobiernos corren el riesgo de tratar la disminución de los combustibles fósiles como un subproducto del crecimiento de la energía limpia, en lugar de como una transformación estructural de toda la economía, que debe gestionarse de forma deliberada», explicó el organismo.
En esta línea, sugirió el modelo de Planificación Nacional para la Transición Energética (TAFF), que aborda aspectos fundamentales como el financiamiento disponible para la transición energética, los riesgos económicos de la sustitución de los fósiles por los renovables, la protección de los trabajadores y la distribución de responsabilidades gubernamentales para la materialización de los objetivos.
Para qué sirve la planificación TAFF
La planificación TAFF se caracteriza por exigir la adopción de una perspectiva a largo plazo para responder, de forma concreta, cómo evolucionará el consumo de fósiles y su producción, en el marco de la transición energética. Se trata de una herramienta que cumple 3 funciones clave: mejora la coherencia de las políticas, al articular estrategias climáticas, energéticas, industriales, fiscales y de transición; apoya la coordinación interna y ofrece certidumbre a inversores y socios.
El diseño TAFF orienta actualmente la agenda ambiental de Francia, Países Bajos y Alemania, que fueron los tres primeros en desarrollar una hoja de ruta TAFF en 2026. Francia moldeó sus planes integrando los compromisos ya existentes en materia climática con nuevas metas, orientadas a poner fin al consumo del carbón para 2030, del petróleo para 2045 y de los gases fósiles para 2050.
A nivel internacional, la COP30 en Brasil, que tuvo lugar en 2025, fue la antesala al logro de una estrategia internacional que, si bien no se concretó, abrió la discusión sobre la urgencia de coordinar la progresiva sustitución del consumo de fósiles. En este sentido, el WRI sugiere que la COP31, que tendrá lugar en Turquía e iniciará este lunes 9 de noviembre, podría ser el escenario más propicio para promover la adopción de la planificación TAFF.
Principales obstáculos para la aplicación de la TAFF
El WRI señaló que la eficiencia de la planificación TAFF está sujeta a las limitaciones financieras que condicionan la inversión en energías renovables, cuyos costos de instalación y operación son mayores en comparación con los combustibles tradicionales. También apuntó a las dificultades relacionadas con la reconversión industrial, que podrían derivar en la resistencia política y social a prescindir de la producción de fósiles. Finalmente, reconoció que no todos los países cuentan con recursos económicos para afrontar una transformación de esta magnitud.
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