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Internacionales

Un agujero negro como 17.000 millones de soles

<p>Los agujeros negros que produjeron los fenómenos más luminosos del universo hace miles de millones de años subsisten dormidos en el centro de galaxias como la Vía Láctea.</p>

Por Redacción · 13 abril, 2016 · 12:10 p. m. · 3 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Un agujero negro como 17.000 millones de soles
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Por Daniel Mediavilla

Si uno piensa en un agujero negro, con esa atracción gravitatoria que ni siquiera deja escapar la luz, es probable que se imagine un gran hueco oscuro en el universo rodeado por nada. Sin embargo, cuando se observan desde lejos, el efecto es muy diferente. Los cuásares, los objetos más brillantes del universo, son precisamente agujeros negros supermasivos que habitan el interior de grandes galaxias. El poder de estos monstruos gravitatorios atrae a sus fauces sistemas solares completos, pero también acelera gran parte de la materia que los rodea que sale disparada a velocidades cercanas a la de la luz. Esos chorros de partículas, extremadamente luminosos, se han observado en el universo primitivo, cuando tenía unos pocos cientos millones de años, y los astrónomos sospechan que han cumplido un papel importante como motores de formación galáctica.

Galaxias como la Vía Láctea acogen en su interior agujeros negros supermasivos que han perdido ya el ímpetu destructor y creador de una etapa antigua en la que se comportaban como un cuásar. En la búsqueda de herederos apaciguados de aquellos leviatanes que poblaron el cosmos hace 13.000 millones de años, los investigadores han encontrado ejemplares con una masa hasta 10.000 millones de veces la del Sol en agrupaciones de galaxias como la Gran Muralla, que incluye cúmulos como el de Coma o el de Leo. Esta semana, un equipo internacional de científicos liderado por Jens Thomas, investigador del Instituto Max Planck para Física Extraterrestre en Garching (Alemania), publica en la revista Nature el estudio de un agujero negro con 17.000 millones de veces la masa del Sol en NGC 1600, una galaxia elíptica relativamente aislada a 200 millones de años luz de la Tierra. Los astrónomos no esperaban encontrar estos grandes agujeros en lugares tan poco concurridos y es posible que el hallazgo indique que son más frecuentes de lo que se creía.

Las dimensiones de la influencia de esta máquina cósmica son difíciles de imaginar. Los científicos han calculado que su horizonte de sucesos, el punto alrededor del agujero negro a partir del que ya no es posible escapar, se encuentra a 335 veces la distancia de la Tierra al Sol. Este tamaño, explican, convierte al agujero negro de NGC 1600 en uno de los mejores candidatos para ser observados por el proyecto Event Horizon Telescope después de Sagitario A, el agujero que ocupa el centro de nuestra propia galaxia. Esta iniciativa, que se pondrá en marcha en la próxima década, pretende combinar la capacidad de observación de radiotelescopios de todo el mundo para acercarse más que nunca a la región observable de los agujeros negros.

Trabajos como el que hoy se publica en Nature buscan reconstruir el linaje de los superagujeros negros, los objetos que iluminaron los cuásares cuando el universo aún estaba en su infancia y ahora duermen en el centro de las galaxias. En la historia de la evolución de esos objetos se encuentra también el origen de la nuestra.

Ecoportal.net

El País

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