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Clima

El Instituto de Recursos Mundiales alerta que la tasa de calentamiento oceánico se duplicó en los últimos 20 años

Por Luz Vaquero · 28 agosto, 2026 · 1:32 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El Instituto de Recursos Mundiales alerta que la tasa de calentamiento oceánico se duplicó en los últimos 20 años
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La vigilancia ambiental indica que la aceleración del calentamiento de los océanos se ha duplicado, sin lugar a dudas, en las últimas dos décadas, coincidiendo con el umbral del clima global. Este dramático aumento específico es una consecuencia directa de la drástica asimilación del exceso de calor que provocan las emisiones descontroladas de gases de efecto invernadero producidos por las actividades humanas. Y nos encontramos a su vez con situaciones extremas que al mismo tiempo provocan una transformación irreversible de la química del agua, así como el potencial desplome de las comunidades costeras del planeta.

Máximas históricas de temperatura y almacenamiento del calor

Por su gran extensión y elevada capacidad calórica, los océanos representan el gran depósito térmico del planeta. Estas grandes masas de agua han almacenado aproximadamente el 91 % del calor adicional que la contaminación atmosférica ha acumulado en el último siglo. Como efecto directo del desequilibrio energético de forma continua, las temperaturas de la superficie del mar han subido más de un grado centígrado con respecto a las del promedio preindustrial. Esas variaciones drásticas generan tormentas mucho más fuertes, cambian por completo las sendas meteorológicas e inducen a diversas especies a desplazarse hacia aguas más frías.

Las evidencias más recientes presentan un espectáculo inédito, ya que para finales de junio cerca del 82 % del océano mundial estaba en condiciones de ola de calor marina. En este sentido, el 22 de agosto alcanzó un promedio diario de 21,10° centígrados, constituyendo el valor más alto jamás observado y rompiendo, así pues, el ciclo clásico en el que se alcanzan los máximos, normalmente entre marzo y abril.

Aceleración del deshielo y aumento del nivel del mar

La acumulación continua de calor afecta de forma directa a las zonas polares y provoca el preocupante retroceso del hielo marino. El hielo ártico alcanzó el que es el mínimo extensional de la cobertera de hielo marino en marzo y la zona antártica registró también datos alarmantes con la pérdida de su cobertera blanca reflectora. Este fenómeno físico genera un ciclo de retroalimentación muy peligroso, dado que la mermada cobertera helada superficial da lugar a la presencia del agua oscura que hay justo debajo y que, a su vez, absorbe mucha más radiación solar que la que lo haría el hielo. Todo esto hace que el calentamiento avance aún con mayor rapidez y corrompa de manera dramática las condiciones de los hábitats de la fauna polar.

Paralelamente, el deshielo de los glaciares de los continentes y la inevitable expansión térmica del agua provocaron un notable ascenso del nivel del mar. La velocidad de este ascenso pasó de 2,5 mm anuales en la década de los 90 a cerca de 5 mm anuales en la actualidad.

Modificación química y daños graves a los ecosistemas

Además de absorber temperaturas extremas, las grandes masas marinas también se comportan como un sumidero natural: absorben aproximadamente el 25 % de las emisiones de CO2 de origen antropogénico. No obstante, a medida que este gas se disuelve de forma continua en el agua salada, presencia una alteración general de toda la química oceánica. Los estudios científicos indican que la acidez media de las aguas de la superficie aumentó un 30 % desde la época preindustrial. Esta fuerte acidificación reduce la cantidad de iones carbonato disponibles como parte de los elementos biológicos fundamentales para que muchas especies construyan sus conchas y sus esqueletos calcáreos.

Los arrecifes de coral y los organismos formadores de conchas son muy vulnerables a estas transformaciones rápidas de la estructura del ecosistema marino. La degradación de los corales (elementos que sustentan la cuarta parte de toda la vida subacuática) tendrá efectos negativos sobre la industria pesquera, la seguridad alimentaria y el desarrollo comercial de las economías de las zonas costeras.

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Luz Redactora
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