Las articulaciones de los incendios en nuestros paisajes son complejas, a la par con los factores socioeconómicos y los factores ambientales. Como resultado, durante miles de años los seres humanos, en especial los pequeños campesinos y los pueblos indígenas, han utilizado el fuego como un elemento tradicional e indispensable en la gestión de la tierra. No obstante, los cambios en el uso del suelo han propiciado el aumento de los incendios forestales extremos, los cuales constituyen una importante amenaza para el desarrollo sostenible.
1. Revisión y análisis: Aceptar la raíz del problema
La primera pata de la estrategia se basa en pararse a observar la foto reproduciendo cada contexto. Antes de actuar, deberíamos realizar un análisis en profundidad de la problemática del fuego en cada lugar concreto. Este paso quiere sondear las posibles opciones que tenemos para hacer un cambio positivo al poner la mirada en cómo los factores climáticos, el uso del suelo y las dinámicas sociales se interrelacionan para crear una determinada situación de riesgo.
2. Reducción de riesgo: Incorporación y alternativas al fuego
Las comunidades locales llevan generaciones trabajando e incorporando un amplio conocimiento sobre la gestión tradicional del fuego. Sus decisiones en el día a día son determinantes y pueden llevar a prevenir o provocar desastres. El plan de la FAO asume la gestión comunitaria, pero se refiere a una necesidad urgente acorde: conocer e incorporar alternativas al uso del fuego en terrenos muy sensibles a los incendios para reducir el riesgo antes de que se produzca el episodio de incendio.
3. Preparación: Una red de colaboración multisectorial
Un enfoque realmente integrado conlleva que toda actividad relacionada con incendios deba formar parte de las políticas y los planes nacionales. La preparación no es tarea de un solo actor, se espera que los responsables de las políticas, los administradores del territorio, los propietarios de bosques, las comunidades, la defensa civil y los cuerpos de bomberos planifiquen y trabajen juntos mucho antes de que llegue la época de incendios.
4. Respuesta: Rápida y comunitaria
Cuando un incendio forestal se desata, la rapidez y la coordinación son todo lo que se necesita. Las comunidades locales suelen ser las que más rápidamente pueden reaccionar al estar en la primera línea. El enfoque de Fire Hub asegura que la reacción a las emergencias no sea solo de los bomberos, sino que se convierta en un esfuerzo coordinado de todos los actores vinculados previamente con la unión de tácticas que prevendrán la pérdida de los paisajes y de las vidas.
5. Recuperación: soluciones sostenibles y a largo plazo
Apagar el fuego solo marca el final de la emergencia, no del problema. La última etapa del ciclo está dirigida a ayudar a los gobiernos y comunidades a buscar e implementar soluciones sostenibles y viables a largo plazo. Esto incluye restaurar los ecosistemas dañados, restaurar los medios de vida de las poblaciones afectadas por el fuego y extraer lecciones de la emergencia que contribuyan a fortalecer las políticas a futuro de la etapa de revisión y de la de reducción de riesgos.
La crisis climática que sufre el mundo no es ya una advertencia más o menos lejana, sino que se nos presenta como una realidad inevitable que modifica nuestros ecosistemas y nuestro estilo de vida a breve y medio plazo. Como se puede observar en dichos informes, el aumento de incendios forestales requiere respuestas rápidas y la elaboración de planes de prevención integrales.
Superar esta emergencia climática requiere hacer frente a una necesidad de colaboración sin precedentes en la parte confluyente de la tecnología, el financiamiento estructural, la reglamentación medioambiental y el conocimiento local para llegar a un futuro posible, seguro y resiliente.
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