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Clima

Los registros de la NOAA ubican al pasado mes de julio entre los más cálidos documentados a nivel mundial

Por Luz Vaquero · 15 agosto, 2026 · 2:04 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Los registros de la NOAA ubican al pasado mes de julio entre los más cálidos documentados a nivel mundial
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Las señales de advertencia del clima global siguen siendo evidentes. De acuerdo a los últimos reportes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el tiempo caluroso, junto a las fuertes sequías, los incendios y las inundaciones, ha caracterizado el tiempo reciente. En este marco, los datos de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) sitúan el pasado mes de julio como el más caluroso a nivel global, empatando como primero de la historia con julio de 2024. Dicha sucesión de malos episodios pone de relieve la gran necesidad de contar con pronósticos que sean fiables, así como las alertas de tiempo que permitan atender a las graves consecuencias que depara a la sociedad y a las economías un verano caracterizado por un extremo calor.

Temperaturas históricas y una intensa temperatura oceánica

No hay ninguna duda por los datos científicos: los años 2026 y 2024 se encuentran entre los años más cálidos del planeta desde 1850. El Servicio Copernicus secundó este hecho, apuntando que en julio, el promedio de la temperatura en superficie fue 1,47 ºC mayor al promedio de la época preindustrial. Los diez julios más cálidos de la historia han tenido lugar, todos ellos, después de 2016. A nivel regional, Norteamérica, África y Asia han medido el julio más caluroso de su historia.

El calor extremo también ha tenido un notable efecto sobre el océano. Las temperaturas de la superficie del mar a una escala global han alcanzado temperaturas medias extraordinarias. En el océano Pacífico tropical la situación es extremadamente preocupante, ya que el fenómeno de El Niño se ha ido intensificando, mientras que el Atlántico y el mar Mediterráneo occidental han registrado olas de calor marinas extremas.

Olas de calor y tremendas sequías que devastan el hemisferio norte

Europa occidental ha sido la región más afectada, sufriendo el periodo de junio y julio más cálido jamás documentado. Para principios de agosto, varios países europeos eran ya víctimas de su cuarta ola de calor. Esto, sumado a niveles de humedad de suelo bajos a niveles excepcionales, generó un impacto en la agricultura, los frágiles ecosistemas y la propia producción de energía.

Las principales agencias de previsión meteorológica de Francia, Suiza y Reino Unido lanzaron potentes alertas por temperaturas superiores a los 35 °C. En Europa central, países como Austria o Hungría terminaron derrumbando su propio récord histórico en muy poco tiempo. La sequedad fue tan deficitaria que el caudal de ríos básicos para la región, como el Sena, el Rin o el Danubio, caía de manera extremadamente simbólica: una situación realmente crítica para el abastecimiento.

Inundaciones extremas y el constante peligro que suponen los siniestros del fuego

Mientras unas partes padecían largas sequías, otras se encontraban totalmente inundadas. Diferentes regiones de África occidental y de la India vieron aparecer torrenciales lluvias monzónicas que ocasionaron inundaciones importantes y devastación. En el continente asiático, China activó evacuaciones masivas ante la llegada del peligroso tifón Dolphin, que trajo consigo fuertes vientos y mareas extremadamente destructivas.

Al mismo tiempo, el fenómeno climático propició un inusual episodio de incendios forestales en distintas partes del mundo. Europa occidental registró alarmantes niveles de superficie quemada, especialmente en Francia y en España, donde se vivieron condiciones de emergencia. En América del Norte, a su vez, Estados Unidos y Canadá siguen luchando prácticamente a diario con cientos de voraces incendios forestales activos que consumen miles de hectáreas de riqueza natural.

Todo cuanto hemos tenido la oportunidad de presenciar en este tiempo reciente, que se extiende a lo largo de estos últimos meses, es resultado del calentamiento global a largo plazo y de sistemas de alta presión estancados durante varias semanas consecutivas. Las observaciones realizadas por la NOAA corroboran de manera rotunda la existencia de graves anomalías de carácter climático, las cuales son hoy un indicio claro de un patrón destructivo.

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