La temperatura global se encuentra hoy en una curva amenazante que va a deambular por un recorrido muy por encima de los objetivos climáticos internacionales. En respuesta a esta preocupación, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) dio a conocer este miércoles su esperado Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026, titulado explícitamente como el «Punto de no retorno». En este informe, la directora del programa, Inger Andersen, lanzó una advertencia al afirmar que el mundo tiene que hacer lo que esté en su mano para apurar el pico del calentamiento de la atmósfera. La meta última, indudablemente, es estabilizar el clima y volver, al fin de siglo, a una anomalía de 2,7 °F.
El escenario de superación y las ambiciosas metas de reducción
El reciente informe del PNUMA ofrece un panorama detallado de la situación de superación «lo más baja posible» que podríamos conseguir, en el que el pico máximo de calentamiento a mitad de siglo se limitaría a un estrecho equilibrio entre 3 °F y 3,2 °F. Sin embargo, alcanzar esta estabilización exige unos recortes de emisiones extraordinariamente drásticos y a una velocidad récord.
En este sentido, la comunidad mundial necesita reducir irremediablemente sus emisiones contaminantes en un 18 % para el final de esta misma década, un 45 % para el año 2035 y un 69 % cinco años más tarde, siempre tomando como base 2025. Para dar contexto a este monumental reto, el Secretario General de la ONU, António Guterres, envió un mensaje anexo al informe en el que enfatizaba que «la superación no es rendirse». El líder internacional recalcó que se puede mantener esta temperatura lo más pequeña y corta que sea posible, de modo que los termómetros globales vuelvan a estar por debajo de 2,7 °F a finales de siglo.
El alto costo de la inacción y las predicciones actuales
El precio de posponer las medidas para mitigar el cambio climático ya se está traduciendo en vidas y en infraestructuras que se rompen en todos los lugares del mundo. En este sentido, Inger Andersen dejó bien claro que cada fracción de grado Fahrenheit que se retrasa y cada año de calentamiento aumentan muy rápidamente los impactos y los riesgos climáticos severos.
Para ejemplificar las devastadoras consecuencias de estos fenómenos, Andersen apuntó a las inundaciones mortales, las insoportables olas de calor y los incontrolables incendios forestales que han arrasado miles de acres de vegetación y han asolado países en todo el mundo a lo largo de este último año. En el caso de que las políticas de los gobiernos vigentes no cambien estructuralmente, el informe advierte que el calentamiento puede fácilmente superar los 5,0 °F en este mismo siglo, y que seguirá aumentando a partir de ahora sin que se le frene. Incluso en un escenario en el que todos los países honraran sus actuales planes nacionales de acción climática (NDC) y los entregaran a tiempo, el calentamiento global se limitaría a 4,7 °F.
El Balance Mundial y la corregible transición energética
Para modificar este impactante rumbo ambiental, el informe clama por acelerar de manera urgente el cumplimiento de los objetivos que se habían dibujado en el primer Balance Mundial (GST), una vertiginosa y muy detallada evaluación realizada entre 2021 y 2023 para comprobar el avance que ha tenido lugar en el marco del Acuerdo de París.
Algunas de las medidas más urgentes son triplicar la capacidad de energías renovables, duplicar la taxonomía de mejora de la eficiencia energética y alejar los sistemas de los combustibles fósiles. Además, es necesario reducir las emisiones no carbónicas y detener la implacable deforestación que está acabando con millones de acres de bosques nativos. La COP31, en Antalya, Türkiye, es una importante oportunidad para reconocer estas importantes áreas de mitigación y hacerlas más tangibles.
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