El organismo confirmó este viernes la puesta en marcha de los acuerdos comerciales que atraerán abultadas inversiones a Estados Unidos, de la mano de Sanae Takaichi. Luego de que la primera ministra de Japón visitara la Casa Blanca, se confirmaron los primeros distritos que serán beneficiados con obras que impulsarán la industria nacional y el empleo local.
Estados Unidos afianza la relación con Japón
Este jueves, Donald Trump recibió en su Despacho Oval a Sanae Takaichi, la primera mujer en convertirse en la autoridad máxima del archipiélago. Conocida por su perfil conservador y liberal, la funcionaria se convirtió en una de las aliadas fundamentales para la estrategia de política exterior de la administración republicana.
Como parte del resurgimiento de la derecha a nivel global, el presidente norteamericano siguió minuto a minuto el ascenso al poder de Takaichi, que el 21 de octubre fue confirmada como la líder que dirigirá los destinos de la nación.
Desde entonces, el diálogo entre los pares fue fluido, y vaticinó la concreción de acuerdos bilaterales en materia económica que servirán de impulso a la consolidación del proyecto MAGA, con el que Trump espera inyectar constante flujo de dinero para el despegue de la industria nacional.
En esta línea, una de las primeras cuestiones abordadas en el marco de la asunción de Sanae fueron los aranceles del 15% que el republicano aplicó a los productos japoneses (y afectaron, en particular, a la industria automotriz) para su comercio en Norteamérica, como parte de la guerra comercial que lo distanció de múltiples países (Infobae).
Al respecto, la solución alcanzada por ambos referentes fue acordar un fondo de inversión de US$550 mil millones, abierto a proyectos en Estados Unidos. De esta manera, la funcionaria se comprometió a servir de mediadora entre el gobierno de Trump e importantes empresas de su país dispuestas a invertir en territorio extranjero.
En principio, el jefe de Estado confirmó el financiamiento de una planta de gas en Ohio, una mina de minerales críticos en Georgia y una instalación de gas natural licuado en Texas, como las primeras iniciativas conjuntas que marcarían un antes y un después en el vínculo con la nación nipona, marcado por los enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial.
Obras confirmadas en Texas y Pensilvania
Para beneficio de la industria y el mercado estadounidenses, este viernes el Departamento de Comercio anunció nuevas obras que estarán respaldadas por el dinero de inversores japoneses, y dos de ellas tendrán lugar en Texas y Pensilvania.
El primer estado, que se alza como faro del progreso nacional en la era Trump, con el impulso de gigantes como Siemens y Microsoft, también será escenario del Proyecto Anderson. El mismo contempla la construcción de un centro de gas natural en el condado de Anderson, que contará con un fondo de US$16 000 millones.
De la mano de NextEra Energy Resources, el proyecto «proporcionará energía gestionable para satisfacer la creciente demanda de electricidad», forjándose como respaldo al cumplimiento de los objetivos económicos más ambiciosos de la gestión nacional y «fortaleciendo tanto la seguridad energética nacional como la competitividad tecnológica».
En Pensilvania, donde el mismo operador estará al mando del Proyecto South Mon, basado en la construcción de instalaciones para conectar la red de gasoductos de Marcellus y Utica con la red de transmisión regional de Pensilvania-Nueva Jersey-Maryland. Se trata de una iniciativa con un tope de inversión de US$17 000 millones.
Proyectos en Tennessee y Alabama
Estos dos puntos geográficos fueron los seleccionados para la construcción de reactores nucleares modulares pequeños, con una inversión de US$40 000 millones. A cargo de GE Vernova Hitachi, la propuesta buscará ofrecer alternativas energéticas a los estadounidenses y «fortalecer el liderazgo de EE. UU. en la competencia tecnológica global».
