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Economía

Las 4 soluciones prácticas de la FAO para mitigar el impacto del calor extremo en la agricultura

Por Luz Vaquero · 16 agosto, 2026 · 2:44 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Las 4 soluciones prácticas de la FAO para mitigar el impacto del calor extremo en la agricultura
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El calor extremo representa una amenaza directa que afecta la agricultura y los ecosistemas a nivel mundial. La moderna disponibilidad de un análisis conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ilustra cómo este fenómeno meteorológico interactúa con la lluvia, la humedad, el viento y las sequías para dar lugar a efectos compuestos capaces de causar estragos a la agricultura. La adaptación a largo plazo requerirá inversiones estructurales y decisiones difíciles, aunque los agricultores tienen la necesidad de respuestas inmediatas para las próximas temporadas. 

1. Reacción temprana y acción anticipativa

Los agricultores no pueden reaccionar a algo que no saben que es posible, siendo la reacción temprana una de las estrategias más ingeniosas para contrarrestar el calor extremo. Sin embargo, la previsión de temperaturas no basta. Estas previsiones deben convertirse en indicaciones adecuadas y locales para que los agricultores puedan llevar a cabo buenas decisiones.

Un gran ejemplo es el trabajo realizado en el contexto del proyecto PEARL en Camboya, el cual es financiado por el Fondo Verde para el Clima (GCF): ayuda a unos 450 000 agricultores en cuatro provincias mediante el establecimiento y la mejora de estaciones meteorológicas. Este sistema envía avisos relativos a cultivos a través de una aplicación telefónica, generando alertas en texto y audio.

Las sugerencias comprenden: mantener la humedad del suelo, sombrear las verduras cuando superan los 38 °C, tener suficiente abastecimiento de agua adicional, cambiar a horas más frescas el hábito del riego y mantener los productos vegetales alejados del sol. Para los animales, las recomendaciones apuntan a dar de comer al ganado en horas frescas, para evitar que la digestión añada calor o priorizar la sombra para las aves de corral, ya que estas no pueden sudar.

2. Variedades y razas resistentes al calor

Donde el calor intenso se transforma en la nueva normalidad, la sobrevivencia puede significar el cambio hacia cultivos sencillamente más aptos para el estrés por calor y sequía, o, incluso, cambiar las vacas por ovejas y cabras más resistentes al calor. La FAO y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) promovieron alertas tempranas en países como Laos y Gambia, junto con el despliegue de variedades de cultivos tolerantes al calor y la sequía, lo que permitió a los agricultores anticipar el estrés térmico y sembrar en consecuencia.

3. Cadenas de suministro refrigeradas

El calor extremo acelera drásticamente el deterioro posterior a la cosecha, lo que transforma el estrés térmico en una pérdida sustancial de ingresos y mala nutrición para las poblaciones. Cada año se estima que 526 millones de toneladas de alimentos se pierden o se desperdician debido a una refrigeración insuficiente, este dato viene a representar alrededor del 12 % del total mundial.

Las olas de calor también agravan esta situación. Y para abordar este tema, en Jamaica, el Fondo Verde para el Clima está apoyando el proyecto ADAPT Jamaica, que intenta implantar soluciones de almacenamiento refrigerado alimentadas por energía solar para que pequeños productores puedan mantener productos listos para el mercado cuando llega el calor extremo.

4. Protección completa para la salud de los agricultores

El calor extremo es actualmente uno de los riesgos más serios para la salud de los agricultores, ya que provoca deshidratación, daño renal y enfermedades crónicas, lo que se traduce en una presión añadida a los sistemas de salud pública. Cerca de 1200 millones de personas están expuestas cada año al riesgo de calor en el lugar de trabajo, siendo la agricultura uno de los sectores más expuestos. Proteger a los trabajadores significa considerar el calor como un riesgo importante. Esto implica planificar el trabajo en función de la previsión meteorológica, proporcionar zonas de sombra, agua y descansos y ofrecer formación inicial para identificar las primeras señales de estrés por calor.

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