La transición energética a nivel global simboliza una oportunidad grandísima para transformar y modernizar drásticamente los sistemas de suministro en todo el mundo. Lograr un futuro sin emisiones netas requiere de una inteligente, pero urgente electrificación, que esté impulsada por energías renovables. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) delinea 100 innovaciones centrales para descarbonizar distintos sectores económicos, y el análisis da cuenta de que todas las regiones pueden salir beneficiadas, con la posibilidad de establecer redes a precios aceptables para toda la población mundial, sumamente resilientes y con bajas emisiones.
La necesidad de aplicar un enfoque sistémico integral
La innovación tecnológica es imprescindible sin duda, pero una herramienta técnica no por sí sola logrará dar cuenta de la amplitud de la transformación de la que actualmente hacen mención. Si se desea alcanzar el éxito estructural, puede ser necesaria la vinculación entre la innovación tecnológica, las políticas públicas, la regulación, el diseño de los mercados y los nuevos modelos de negocio. Justo de la combinación de un conjunto muy diverso de factores puede surgir la adopción eficiente de herramientas emergentes en distintas trayectorias de transición en el mundo.
Por lo tanto, la innovación de un sector debe entenderse siempre bajo una lógica estrictamente sistémica. Las soluciones verdaderas surgen a partir de promover sinergias operativas entre las innovaciones que incluyen a muchos componentes del sistema eléctrico. Este enfoque permite entremezclar opciones concretas que logren que los marcos regulatorios resulten con un nivel de sustento visiblemente superior. Mediante la identificación de estas interconexiones, los encargados de la formulación de políticas pueden ajustarse rápidamente a las demandas ambientales contemporáneas, maximizando el desempeño y asegurando un abastecimiento sustentable.
Objetivos inminentes ante el reto del cambio climático
El mapeo estratégico de estas opciones tecnológicas queda orientado a erigir soluciones que respondan a urgencias completamente impostergables. La primera de las metas es la construcción de infraestructuras eléctricas altamente resilientes. Estas nuevas redes deben soportar grandes proporciones de energías renovables, sin perder por ello la estabilidad operativa cotidiana. También es importante que se configure un sistema operativo preparado para edificios de energía como si se tratara de condiciones climáticas extremas, previniendo sustanciales interrupciones cuando la naturaleza golpee repentinamente las distintas regiones más vulnerables.
La segunda de las metas fundamentales es ampliar aceleradamente el acceso energético universal, fomentando un desarrollo local inclusivo a través de usos productivos descentralizados. Promover matrices renovables resulta un motor potente para conseguir la equidad, lo cual es de enorme importancia en los mercados emergentes y en las economías en vías de desarrollo. Cuando se ataca la descentralización de la generación eléctrica, las comunidades son capaces de empoderarse rápidamente, obteniendo recursos para desarrollar sus respectivas industrias locales y para mejorar sustancialmente sus niveles de vida.
Superación de límites hacia una transición justa
A pesar de ser muchos los beneficios de adoptar soluciones en materia de energías renovables, se deben superar altos obstáculos estructurales, para lo cual se requiere una mirada integradora que permita acciones indiscutibles en todos los frentes a fin de derribar las barreras que existen. Este esfuerzo tendrá necesariamente que contar con la participación de múltiples entes multilaterales, foros regionales, gobiernos nacionales y comunidades locales que hagan posible el canalizar el flujo de recursos económicos y legislativos apropiadamente para reafirmar la nueva red.
De la misma forma, y porque de esta forma podemos lograr una transición energética justa, se debe tener presente la inclusión económica y la total igualdad: hacer que los beneficios de la energía renovable lleguen a la sociedad. Se debe garantizar de forma específica el bienestar de los grupos más vulnerables e históricamente sometidos y evitar su exclusión. De esta manera, la transformación estructural no solo dejará al medioambiente más puro, sino que también disminuirá las desigualdades que persisten.
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