La administración Trump anunció este jueves el acuerdo interinstitucional que transfiere la gestión de la cartera federal de los préstamos a estudiantes desde el Departamento de Educación hacia el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Con una deuda de US$1,7 billones, la medida trae el nombre de «Alianza Federal de Asistencia Estudiantil», siendo un paso más en el desmantelamiento de responsabilidades de la agencia destinada a la educación que se ha sostenido en los últimos años.
El mensaje del Tesoro
El departamento a cargo de Scott Bessent publicó un comunicado al respecto y, además de anunciar la alianza con el Departamento de Educación, señaló que este sería un gran paso «para mejorar la administración de los programas federales de ayuda, mitigar las consecuencias y el costo para los contribuyentes de la mala gestión de la cartera de préstamos estudiantiles federales por parte de la administración Biden y facilitar el regreso de los prestatarios morosos al pago».
Con las críticas al manejo del dinero en el Departamento de Educación, este movimiento se suma a la pérdida de 740 empleados en el área de Ayuda Federal Estudiantil. Ahora, la preocupación es mayor para los que pueden ver reducido su puesto de trabajo pronto si es que Trump continúa con su propuesta de cerrar el departamento.
Cambio económico en Educación
El Tesoro de los Estados Unidos asume la responsabilidad y toma los préstamos estudiantiles del Departamento de Educación. Linda McMahon, secretaria de Educación, publicó en su cuenta de X, anunció la medida y dijo que su departamento «ha fallado en administrar y entregar eficazmente estos programas a estudiantes». La transferencia a la gestión federal será de US$1,7 billones, de los cuales al menos US$180 000 millones corresponden a la mora de préstamos estudiantiles de al menos 9,2 millones de deudores.
«Bajo el liderazgo de Donald Trump estamos emprendiendo el primer esfuerzo serio para sanear la cartera de US$1,7 billones que ha sido gestionada de forma deficiente durante años», expresaron desde el Tesoro para añadir que cuentan con experiencia, capacidad y conocimientos financieros para aportar la disciplina financiera necesaria para continuar con el programa de préstamos a estudiantes.
Según los datos oficiales, el plan se dará en tres etapas: la primera consistirá en la gestión del cobro de los US$180 000 millones en préstamos impagos por parte del Tesoro. También indicaron que, a pesar de los cambios en la administración del dinero, los prestatarios no deben modificar su gestión. Luego, en la segunda fase, el Tesoro extenderá su trabajo a los préstamos que aún se pagan con normalidad, siempre y cuando la ley lo permita.
Por último, para llevar adelante el pase total del Departamento de Educación al Tesoro, el equipo a cargo de Scott Bessent absorbería la administración del formulario de solicitud del estudiante, conocido como FAFSA, que constituye una de las últimas funciones clave del programa aún bajo la responsabilidad de la secretaria Linda McMahon. Sin embargo, la oposición objeta la medida y se ampara en la legislación vigente que exige que la supervisión continúe en manos de Educación.
Según indican, en caso de querer evitar los inconvenientes legales, la administración Trump se amparará en el concepto de asociación entre las agencias, ya que no se trata de un traspaso convencional.
Otro giro en sus decisiones
Trump había anunciado previamente que los préstamos estudiantiles pasarían a estar en manos de la Administración de Pequeñas Empresas (SBA), algo que no prosperó y que ahora finalmente llega para tener destino en el Tesoro de los Estados Unidos. De todos modos, el paso de responsabilidades no es una novedad, ya que en 2014 el Tesoro llevó a cabo un proyecto piloto, pero no tuvo resultados favorables, ya que los índices de recuperación de las agencias privadas contratadas fueron inferiores a los registrados por el Departamento de Educación.
