La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha hecho público un nuevo análisis donde manifiesta que el mundo ha entrado de lleno en la «Era de la Electricidad». Aun así, el análisis avisa que la expansión física de las redes de transmisión no está a la altura del vertiginoso crecimiento de la demanda mundial, lo cual crea un cuello de botella fundamental para la transición energética. Como las nuevas líneas eléctricas se construyen con una lentitud y un costo cada vez mayores, la AIE afirma que la maximización del rendimiento de los activos físicos en funcionamiento debe convertirse en una prioridad fundamental. En este sentido, la inteligencia artificial (IA) y un conjunto de herramientas digitales de última generación son la respuesta a la creciente congestión de las redes y las crisis operativas.
Retos de la ampliación física y el papel de las tecnologías digitales
La única manera de poder cumplir con el crecimiento del consumo de electricidad que se espera para 2035 exige incrementar la capacidad de la red en al menos un 30 % (para poder satisfacer una demanda de aproximadamente 29 000 TWh/año). Traducido al lenguaje físico y sin tener en cuenta las pérdidas de la red, esto se traduce en sumar o, incluso, sustituir la enorme cifra de 15,5 millones de millas de las líneas de transmisión y distribución existentes en el mundo.
Esta necesidad es acuciante, pero choca, sin embargo, con proyectos de ampliación que deben atender a severos obstáculos regulatorios y cuellos de botella de suministro de metales, la agudización de la escasez de mano de obra calificada y el creciente costo de los equipos pesados. En 2025, no menos de 1700 GW de proyectos de energías renovables en fase avanzada y 600 GW de baterías a escala de servicios públicos permanecían ociosos esperando la conexión a una red congestionada.
El efecto transformador de la inteligencia artificial
La IA está sirviendo de valor añadido exponencial a la caja de herramientas digitales para orientar redes, permitiendo que las tecnologías ya disponibles puedan ser distintas y mucho más fácilmente operadas a escala en el comercio. A pesar de que los centros de datos masivos que hacen posible el funcionamiento de la IA implican una demanda explosiva que acentúa la congestión eléctrica a escala local, la inversión que se da en el sentido de la energía promete resultados colosales.
Las empresas operadoras de la red están utilizando la inteligencia artificial para tratar con conjuntos masivos y complejísimos de datos meteorológicos, operativos y de imágenes por satélite, desarrollando así la posibilidad de anticipar, con exactitud milimétrica, cuándo y dónde existen capacidades de transmisión no utilizadas y que puedan ser utilizadas de forma segura. En términos generales, el potencial es colosal, pero también hay que decir que, respecto de la inteligencia artificial, la penetración varía mucho según los ámbitos funcionales de la red eléctrica.
Barreras regulatorias y necesidad de cooperación internacional
El informe de la AIE deja claro que la principal barrera para la implementación en gran escala de esas soluciones no es la capacidad técnica, sino las rígidas estructuras organizativas e institucionales. De los encuestados de los operadores de red, el 64 % señala que la organización no está preparada y que se carece de capacidades digitales como una barrera muy importante. El 60% menciona la escasa calidad y la falta de disponibilidad de los datos, el 60 % menciona problemas de confianza organizacional; y el 56 % menciona deficiencias de los marcos regulatorios actuales.
A menudo las empresas de servicios públicos muestran caminos burocráticos mucho más directos y rentables para edificar nueva infraestructura física. Para eliminar estas barreras estructurales, la AIE reclama una revisión de los marcos regulatorios, introduciendo incentivos económicos claramente relacionados con la liberación de capacidad y pruebas temporales para impulsar la innovación.
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