Estados Unidos retoma un viejo plan de mediados del siglo XX con la intención de ir aún más allá.
Tras un largo letargo, revive el objetivo de sus antiguas instalaciones para la fabricación de un combustible peligroso.
¿De qué se trata esta renovada empresa y por qué el mundo vuelve a fijar su atención en el potencial estadounidense?
Una metrópolis oculta en EE. UU.
En el otoño de 1942, el Ejército de Estados Unidos comenzó a adquirir tierras en una zona rural de Tennessee. Para marzo de 1943, 56 000 acres estaban sellados detrás de cercas y las grandes instalaciones industriales ya estaban en construcción, aunque los lugareños no recibieron explicaciones, sino órdenes de marcharse.
Lo que allí nacía era el corazón del Proyecto Manhattan, el plan secreto para crear la primera bomba atómica. Oak Ridge surgió durante ese periodo como una ciudad invisible dedicada a la producción nuclear. En su centro, la planta Y-12 operaba con 270 edificios y unos 22 000 trabajadores.
Operarios, científicos, ingenieros: nadie sabía exactamente para qué trabajaba.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las instalaciones no cerraron, sino que entraron en una nueva etapa, más larga y silenciosa. La Guerra Fría no dio tregua, y lo que vino después dejó una huella que aún hoy cuesta limpiar.
Una destrucción que nadie calculó
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Y-12 no perdió su razón de ser. Cambió de misión. En los años 50, la Guerra Fría trajo nuevas tareas: separación de isótopos de litio (especialmente litio-6), usado en armas termonucleares.
Hoy la tecnología busca redimirse con proyectos como el de Aalo Atomics, pero en su tiempo, el uranio se convirtió en el centro de todo.
No obstante, para procesarlo y separar sus isótopos más útiles, los ingenieros recurrieron a enormes cantidades de mercurio como solvente. Si bien era eficaz y rápido, era aún más devastador y con el tiempo, grandes cantidades de mercurio comenzaron a filtrarse al entorno.
Se estima que unas 700 000 libras de mercurio fueron liberadas al entorno de Oak Ridge, donde ríos, suelos y aguas subterráneas quedaron contaminados con materiales radiactivos y metales pesados.
El sitio terminó clasificado como zona de limpieza prioritaria por la Agencia de Protección Ambiental.
Con el fin de la Guerra Fría en 1990, la misión de Y-12 cambió: de producción a desmantelamiento de armas y en 2000, el complejo pasó a depender de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear, Aunque parecía el inicio de su cierre definitivo, algo estaba a punto de cambiar.
El nuevo proceso que reactivó la producción de uranio tras 20 años de pausa
En marzo de 2026, el U.S. Department of Energy anunció un hito que no se veía en más de dos décadas, el Complejo Y-12 en Oak Ridge logró producir su primer «botón» de uranio purificado mediante electrorefinado, un método nuevo y más seguro. Similar a una energía imposible, es algo que cambiará el futuro de la humanidad.
El electrorefinado rompe por completo con los métodos del pasado. Este proceso utiliza técnicas electroquímicas para separar y purificar el uranio con gran precisión. El resultado son cristales purificados que, tras pasar por el horno, se convierten en “botones” de alta pureza.
Es un sistema más seguro para los operarios y mucho más eficiente que la antigua química.
Este proceso representa una mejora significativa. El uranio purificado obtenido mediante este método apoyará misiones de seguridad nacional, incluida la producción de armas nucleares y el suministro de combustible para portaaviones y submarinos de la Armada de Estados Unidos.
El proceso fue desarrollado originalmente en el Laboratorio Nacional de Argonne y perfeccionado en Y-12 a lo largo de años de trabajo.
Este avance marca un nuevo hito en un programa de larga duración destinado a perfeccionar el electrorefinado, una tecnología clave para recuperar y reciclar uranio a partir de diversos subproductos. Lo que comenzó como un problema donde unos pocos enfermaron al planeta, hoy busca redimirse y mejorar aquello que destruyó.
