La administración de Donald Trump tiene como pilar fundamental de su plan económico la Agenda de Dominio Energético de EE. UU., cuyo objetivo es reducir la dependencia de otros países y convertirse en el principal productor de petróleo y gas natural del mundo. A través de políticas de desregulación e incentivos en las actividades petrolíferas, Washington comienza a ver frutos y, al día de hoy, supera las cifras de producción de Rusia y Arabia Saudita juntos.
Una agenda polémica
Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente Donald Trump dejó claro que llevaría adelante una política a favor de los combustibles fósiles, dejando de lado el compromiso de descarbonización y la transición energética. El mandatario considera que estas fuentes de energía tienen consecuencias negativas para el mundo, como el aumento indiscriminado en las energías y el debilitamiento de las industrias.
Es más, recientemente, el Gobierno de EE. UU. compartió un comunicado oficial, donde analizó las consecuencias que el compromiso de descarbonización generó en Europa. Este documento, firmado por el subsecretario de Crecimiento Económico, Energía y Medio Ambiente del Departamento de Estado de Estados Unidos, advierte que esta política no trajo el futuro verde que esperaban, sino que provocó «un declive controlado con la consciencia tranquila».
El funcionario estadounidense destacó la existencia de una gran crisis en Europa a causa de este tipo de políticas ambientales, por lo que recomendó adoptar la Agenda de Dominio Energético Estadounidense. Esta se basa en desregulaciones, expansión de la infraestructura y la liberación de reservas estratégicas para controlar los precios. Se trata de una estrategia crucial a la hora de enfrentar escenarios de incertidumbre internacional, como el actual.
Indiscutible liderazgo de Estados Unidos
Este jueves, el secretario de Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, compartió un informe con gráficos que dejan entrever los impresionantes resultados de la agenda energética republicana. De acuerdo con este informe, el país norteamericano aumentó de manera exponencial la producción de petróleo y gas natural, superando grandes potencias como Rusia, Arabia Saudita, China, entre otros.
«Estados Unidos lidera el mundo en producción de petróleo y gas natural gracias a Donald Trump y su Agenda de Dominio Energético Estadounidense», escribió el mandatario. En esa línea, destacó que el Ministerio del Interior, siguiendo las órdenes del presidente, inició un proceso de desburocratización para garantizar que sus recursos proporcionen energía confiable, segura y asequible en todos los rincones del país.
El gráfico publicado por la Casa Blanca y compartido por el ministro muestra la impresionante diferencia existente en los niveles de producción entre Estados Unidos y el resto de los países. Según estos informes, cuyas cifras representan el millón de barriles por día, el país liderado por Donald Trump produce un 24,0, mientras que Arabia Saudita y Rusia alcanzan los 10,9 y 10,5, respectivamente.
Respecto a la producción de gas natural, los gráficos también muestran arrolladoras cifras de Estados Unidos, que superan las cifras de Rusia, Irán y China combinados. Actualmente, el país norteamericano alcanza los 110, mientras que el Kremlin y la República Islámica vienen mucho más abajo en el ranking, con 62 y 27, respectivamente.
Ampliación de las perforaciones petrolíferas
Esta semana, la administración de Donald Trump logró la aprobación de otra normativa crucial para su agenda energética: la ampliación de las perforaciones petrolíferas en el Golfo de México. A través de esta medida, aprobada por un comité federal, las empresas petroleras quedan exentas de cumplir con la ley de protección de especies en peligro de extinción, algo bastante cuestionado por los grupos ambientalistas y la oposición.
Desde el Gobierno resaltaron que la aprobación de esta normativa, además de seguir los lineamientos de la Agenda de Dominio Energético, responde a los reclamos de las compañías petrolíferas, que amenazaron con frenar su producción ante el gran número de litigios pendientes, lo que tendría grandes repercusiones económicas para el país.
