La Administración de Información Energética publicó este lunes estadísticas correspondientes al 2025, según las cuales EE. UU. conserva dependencia del suministro de petróleo originario del Golfo Pérsico, cuyo dominio es disputado por Irán.
Contundentes resultados de la EIA confirman la dependencia de EE. UU. del estrecho de Ormuz
En pleno conflicto con Irán por la liberación del estrecho de Ormuz, un informe de la EIA ratificó la importancia que el suministro producido en el corazón de Medio Oriente tiene en el comercio energético de Norteamérica. Según informó, el Golfo Pérsico abarcó el 8% de las importaciones petroleras del país.
En concreto, el organismo detalló el ingreso de 490 000 barriles diarios de crudo a EE. UU., con mezclas fabricadas en Baréin, Irak, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. La cifra representó el 8% del total de 6 000 000 de barriles importados anualmente.
El 47% de los galones, compuestos principalmente por crudo de grado medio y ácido, fueron destinados al mercado de la costa oeste, donde la producción local es superada con notoriedad por el producto importado, marcando un punto débil de la industria energética nacional.
La diferencia estuvo marcada por la producción de crudo sour, que escasea en el país y puede adquirirse fácilmente en el mercado pérsico. «Los crudos ligeros y dulces representan la mayor parte de la producción nacional, pero Estados Unidos depende de las importaciones para los crudos más pesados y ácidos», explicaron.
En cuanto a precios, el crudo amargo tipo Mars sufrió el incremento del precio por barril a raíz del bloqueo del estrecho de Ormuz, en donde las fuerzas extremistas restringieron el paso a los buques asociados a EE. UU. e Israel.
En consecuencia, los barriles se venden actualmente con una prima de US$1 sobre el crudo Light Louisiana Sweet (LLS). Antes de la guerra, el Mars era vendido con descuento por su densa composición, que dificulta el proceso de refinado.
Preocupación por el precio del combustible
Los datos emitidos por la administración permiten realizar una lectura más integral del conflicto que Donald Trump sostiene en Ormuz para recuperar el canal. Desde el inicio del enfrentamiento, las especulaciones en torno al «secuestro» del estrecho agitaron el temor por desabastecimiento, que sirvió de trampolín para el salto en el precio de los barriles.
Como resultado, la asfixia económica golpeó los bolsillos de los norteamericanos, que se vieron obligados a pagar el incremento del valor del combustible, pese a las afirmaciones del presidente, quien defendió que la situación de Ormuz no afecta gravemente el panorama económico y energético del país.
Hasta este domingo, el petróleo West Texas Intermediate alcanzó los US$113, mientras que el Brent superó la barrera de los US$100. A raíz de ello, autoridades como Jacky Rosen alzaron la voz por la repercusión que la situación tendrá en el aumento del combustible de avión, socavando a la industria del transporte aéreo y el turismo.
¿Cómo evoluciona la situación en Ormuz?
Luego de conocerse las declaraciones que Trump pronunció este fin de semana, el mundo permanece en vilo por el ultimátum dado a las autoridades iraníes, quienes tienen tiempo hasta este martes para aceptar una tregua con la potencia occidental, que ponga fin a los atentados y a la amenaza nuclear.
Ya que el 7 de abril es el fin del plazo de 10 días sin ataques a las centrales nucleares que EE. UU. propuso, a cambio de que la cúpula del régimen acceda a resolver las diferencias por la vía del diálogo. «El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!», advirtió.
De forma determinante, Trump exigió la apertura del estrecho antes de la fecha pautada para prevenir otro baño de sangre: «¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán!», exclamó.
