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Energía

La «energía maldita», encontrada en este estado de México: nadie debería abrir esta mina

Por Aura Nariño · 19 diciembre, 2024 · 9:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La «energía maldita», encontrada en este estado de México: nadie debería abrir esta mina
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¿Energía maldita? Por fuerte que suene, así es. Se trata del uranio, un elemento que ha estado en el centro del debate energético y ambiental en México. Pese a su potencial energético, es un combustible nuclear que plantea muchos riesgos y desafíos, por lo que, abrir una nueva mina en Chihuahua, significa un grave peligro en su uso y como si hubiésemos perdido las décadas de avances e innovaciones actuales.

¿Cómo ha sido la historia del uranio en México?

Tiene una historia compleja que se remonta a 1972, cuando el país comenzó a desarrollar su industria nuclear. A partir de ese momento, se establecieron entidades gubernamentales, como Uranio Mexicano, encargada de la explotación de este recurso esencial. Desde entonces, México ha conocido grandes yacimientos de uranio, estimándose unas 160 mil toneladas del mineral repartidas en diez estados del país, destacando Chihuahua, Nuevo León y Sonora.

La existencia de las plantas nucleares en México, como la Central Nuclear de Laguna Verde, agrega otra capa de complejidad al panorama del uranio en el país. Operadas en un entorno que necesita constante monitoreo y gestión cuidadosa, estas plantas dependen de uranio enriquecido y, en el caso de México, se hace evidente que el país aún no ha maximizado su capacidad de incrementar su producción de energía nuclear con el uranio natural que posee.

Recientemente, el Gobierno Federal anunció la exploración de yacimientos de minerales radioactivos en varios estados mexicanos para generar energía eléctrica. Entre estas, destacan Chihuahua, Sonora, Durango y Puebla, donde se ha identificado material radioactivo. Desde 1928, con el descubrimiento de la primera zona radioactiva en Placer de Guadalupe, Chihuahua ha sido un foco de actividad, incluyendo la apertura de minas de uranio en las décadas de 1950 y 1960.

Energía con uranio, ¿es tan terrible como se piensa?

La energía nuclear es a menudo presentada como una opción “limpia”, porque emite menos gases de efecto invernadero durante la generación eléctrica en comparación con combustibles fósiles. Sin embargo, este concepto es engañoso.

A pesar de su relevancia, el uranio es un objeto de controversia. En su uso más conocido, como combustible nuclear, plantea riesgos y desafíos significativos. Si bien, la energía generada a partir de uranio produce menos gases de efecto invernadero en su fase de generación, comparada con los combustibles fósiles, aun así, genera emisiones durante su ciclo de vida, incluyendo la minería, el enriquecimiento y la gestión de residuos. Esto plantea un dilema: ¿es la energía nuclear verdaderamente una solución limpia?

Un aspecto común que se discute es la salud y seguridad pública. El uranio es un material radiactivo que puede ser perjudicial para la salud humana, especialmente con la exposición prolongada. Estudios han demostrado que la exposición al uranio está vinculada a problemas renales, enfermedades respiratorias y efectos adversos en la fertilidad. Además, la generación de residuos nucleares es un problema sin una solución técnica definitiva, ya que estos residuos permanecen radiactivos durante miles de años, lo que plantea serias preocupaciones de manejo y almacenamiento a largo plazo.

Hablando sobre temas de residuos radiactivos, conoce la «energía del Infierno» que alcanzó 200 millones de grados.

¿Vale la pena tantos riesgos por una energía contaminante?

Si bien ofrece la promesa de una fuente de energía altamente eficiente y de bajo carbono, también está asociado con problemas de salud, medioambientales y de residuos peligrosos. Por si te interesa, así veremos la energía nuclear para el 2050.

El ciclo completo de la energía nuclear, desde la minería del uranio hasta la gestión de residuos radiactivos, consume grandes cantidades de combustibles fósiles, generando más dióxido de carbono que fuentes renovables como la solar o la eólica. Además, los residuos nucleares son peligrosos para la salud y el medio ambiente, permaneciendo radiactivos durante miles de años sin una solución efectiva para su almacenamiento seguro.

En última instancia, el futuro del uranio en México necesita integrarse en un modelo energético más integral y sostenible que priorice la salud humana y el medio ambiente, mientras busca atender la creciente demanda energética del país.

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