La historia de la energía registra un fracaso que la sigue persiguiendo. Un proyecto que podía haber llegado lejos y en el que había grandes esperanzas, ha caído en picado. Pasó de prometer energía en grandes cantidades a «fundir» 2000 millones de dólares en el desierto. Saber lo que pasó no cambia el desenlace, pero nos ayuda a comprender en qué punto estamos como sociedad. ¿Estamos haciendo bien las cosas?
Prometía ser un paso adelante para Estados Unidos, pero no pudo sostener su promesa
El desierto de Mojave (Estados Unidos) iba a ser un lugar recordado y reconocido en todo el mundo. La expectativa era tomarlo como ejemplo de superación, avance y practicidad, que el resto de los proyectos parecieran pequeños en comparación. Iban a construir la mayor central de su categoría en todo el mundo.
Parecía que el futuro se acercaba sin que pudiéramos pararlo. Eran tiempos de esperanza para la comunidad energética, un avance pionero. De hecho, rompía con uno de los grandes problemas que, a día de hoy, sigue acechando a las renovables, que es la intermitencia. Podía otorgar electricidad incluso de noche.
El proyecto se tambaleaba y las consecuencias no tardaron en notarse
Aunque hoy la tecnología parece estar en otro punto, todavía recordamos qué ocurrió entonces. Porque vimos caer las esperanzas de un tipo de energía que podía darnos ese «algo más» que buscábamos. Con una potencia de 392 MW, la obra relacionada con este proyecto supuso una inversión aproximada de 2180 millones de dólares.
Para alcanzar esta cantidad, los agentes involucrados tuvieron que apoyarse en un préstamo federal de 1600 millones del Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE). Miles de hogares iban a recibir abastecimiento o eso era lo que creíamos.
Todo apuntaba a que estábamos ante una tecnología pionera. Sin embargo, las promesas no valen nada cuando no van acompañadas de hechos. Y los hechos dijeron algo muy distinto. El funcionamiento de su tecnología fue complejo y difícil de controlar, además de que su impacto ambiental fue mucho más alto del esperado.
Este proyecto significó mucho, pero ahora solo es un recuerdo de lo que no hay que hacer
En el año 2014, se inauguró en el desierto de Mojave un proyecto emblemático que obtuvo el nombre de Ivanpah Solar Power Facility. Su propósito era demostrarle al mundo que la termosolar podía brindar energía limpia y estable a gran escala, pero las promesas se evaporaron rápidamente.
Desde el principio, la capacidad de almacenamiento en sales fundidas estuvo limitada por el diseño. Esto hizo que la operación demandara refuerzos con gas natural. Solo con esta ayuda se podían lograr las temperaturas necesarias para su adecuado funcionamiento. El balance real de emisiones cambió entonces.
Además, tuvieron que utilizarse miles de espejos móviles que debían alinearse con precisión y fue necesaria la gestión de un receptor central. Dos ápices del proyecto que resultaron en costos superiores a los de las plantas fotovoltaicas tradicionales y a la misma escala. Luego, se sumaron otros problemas, como fallas en la alineación de heliostato y pérdidas térmicas frecuentes.
El rendimiento se vio acotado y los gastos de operación subieron. El negocio no pudo sostenerse. Mucho menos después de que se filtrara la pérdida de la vida de miles de aves que sobrevolaban el campo de concentración solar. La gente dejó de confiar en su cuidado ambiental, eje principal del proyecto.
El colapso económico del que iba a ser el «futuro de la energía» fue un duro golpe para el sector energético. Sin embargo, nos proporciona un ejemplo claro de lo que no debería suceder en un proyecto. Indirectamente nos da pautas sobre los valores que sí construyen proyectos exitosos y no se tuvieron tan en cuenta: organización, previsión y análisis. Quizá el proyecto más ambicioso de México pueda dibujar un horizonte distinto.
