La energía tiene al mundo en vilo.
Ni siquiera todo el oro del mundo ocupa ese lugar privilegiado. Justifica los conflictos bélicos y la toma de tierras.
Desesperadamente hay que salir a buscar adonde sea. Si hay que llegar hasta el espacio exterior, lo haremos. Esa idea ya la formuló Elon Musk.
En Estados Unidos, algunos han decidido explorar en los lugares más recónditos donde ninguna especie podría sobrevivir. Sin embargo, ¿Allí es donde está el tesoro más ansiado?
Dónde está la energía que necesitamos
Estados Unidos como muchos otros países del mundo está sufriendo anticipadamente la escasez de energía. El auge de la inteligencia artificial está golpeando no solo a las redes eléctricas., sino también a otros recursos. Es abismal el consumo de agua que se utiliza para mantener estos grandes servidores a temperatura adecuada.
Las energías renovables son prometedoras, pero hay que combinar varios proyectos para lograr la tan ansiada independencia. Sin embargo, la urgencia lleva a probar distintos caminos y tecnologías que parecen sacadas de una película de ciencia ficción.
Ahora la brújula ha llevado hasta este sitio: donde no existe ninguna forma de vida. El plan es bajar al subsuelo y alcanzar temperaturas de entre 150°C y 300°C. Para que te hagas una idea de lo extremo que es esto: la especie más resistente del mundo, el famoso tardígrado (u oso de agua), solo aguanta hasta los 150°C.
Más allá de ese límite, un desierto de calor extremo. Pero es justo en ese «infierno» donde los expertos aseguran que está la energía necesaria.
Una carrera por dominar el calor extremo
Esta búsqueda no es un simple experimento de laboratorio, sino que hoy en día es una prioridad. El gobierno está pisando el acelerador para encontrar nuevas formas de llegar al centro de la Tierra con tecnología que permita romper rocas a profundidades que antes eran imposibles.
La idea es inyectar agua en esas grietas para que, al tocar las rocas ardientes, suba estrepitosamente hacia la superficie convertida en vapor. Así es como opera la energía geotérmica.
Claro que perforar en zonas aledañas a volcanes o en fallas profundas tiene sus riesgos. Un error puede provocar pequeños temblores en toda la región. Más allá de eso, los expertos defienden que es un riesgo que vale la pena correr si queremos dejar de depender de otros países para tener luz.
Lo que se busca es un sistema que no descanse nunca, pues a diferencia de los paneles solares y la siembra de energía en el océano, el calor de la Tierra está ahí las 24 horas del día, los 365 días del año.
Es como tener una batería gigante bajo nuestros pies que nunca se agota y que no contamina. Es la solución ideal para nuestra lucha contra los apagones.
Pero el verdadero desafío hoy no es encontrar ese calor, porque sabemos exactamente dónde está; el reto es fabricar tecnología que soporte la dureza de este tipo de terrenos y una temperatura tal que evite que se «derritan» o se echen a perder mientras intentan extraer toda esa energía del centro de la Tierra.
El ambicioso plan del Departamento de Energía
La pieza que faltaba en este rompecabezas es la energía geotérmica. El U.S. Department of Energy acaba de anunciar una inversión masiva de 171.5 millones de dólares para expandir esta tecnología de roca supercaliente por todo el país.
Proyectos como el del volcán Newberry en Oregón son la punta de lanza de este plan.
Si logran dominar estas temperaturas que superan los 300°C, Estados Unidos podría generar hasta 300 gigavatios de potencia para el año 2050.
Esto significa tener energía limpia, constante y barata directamente del corazón de la Tierra. Ir en busca de recursos donde no hay espacio para la vida parece ser, al final, la única forma de luchar contra los mayores desastres ambientales y asegurar que la vida moderna, con toda su tecnología y consumo, pueda seguir funcionando.
