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Energía

Europa lanzó casi 200 000 barriles radiactivos al fondo del Atlántico nororiental entre 1971 y 1982, y quedaron en el olvido hasta años recientes; científicos franceses regresaron para averiguar qué había ocurrido alrededor de ellos y descubrieron que son el hogar de esponjas marinas, anémonas y cangrejos

Por Skarlett Soto · 6 septiembre, 2026 · 7:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Europa lanzó casi 200 000 barriles radiactivos al fondo del Atlántico nororiental entre 1971 y 1982, y quedaron en el olvido hasta años recientes; científicos franceses regresaron para averiguar qué había ocurrido alrededor de ellos y descubrieron que son el hogar de esponjas marinas, anémonas y cangrejos
Imagen generada con inteligencia artificial
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Miles de viejos barriles con residuos radiactivos siguen en el fondo del océano Atlántico, pero nadie esperaba encontrar lo que crecía sobre ellos.

Después de décadas con muy poca información sobre qué había pasado con esos residuos, un robot submarino encontró y fotografió miles de contenedores.

No se encontraron estructuras completamente aisladas de la vida. Esponjas marinas, anémonas, cangrejos y otros organismos comenzaron a crecer sobre los barriles y a vivir alrededor de ellos.

¿La radiactividad está afectando a estas criaturas o pueden vivir alrededor de los barriles sin consecuencias detectables?

Miles de barriles radiactivos en el fondo del Atlántico y algo más

Hubo un tiempo en el que la humanidad pensó que el mar era un pozo sin fin, que podía absorber nuestros peores desastres sin dejar rastro.

Entre 1950 y 1990, varios países europeos decidieron deshacerse de sus residuos radiactivos lanzándolos al mar.

En ese periodo, cerca de 200 000 barriles de residuos radiactivos de baja actividad fueron depositados a unos 5000 metros de profundidad en el Atlántico nororiental.

Así, los bidones se hundieron en la oscuridad del océano y, durante décadas, hubo muy poca información sobre su ubicación exacta, su estado de conservación o su interacción con el ecosistema.

La duda de qué había pasado allí abajo siguió rondando a la comunidad científica

Para resolver el misterio y estudiar ese legado, el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y la Flota Oceanográfica Francesa pusieron en marcha la misión NODSSUM.

Con robots autónomos capaces de soportar las enormes presiones de las profundidades y el sumergible tripulado Nautile, los investigadores se lanzaron al abismo.

Durante la primera campaña lograron localizar y cartografiar 3355 barriles, además de recoger miles de litros de agua y numerosas muestras del fondo marino.

En una segunda expedición, el Nautile realizó inmersiones a más de 4700 metros para observar de cerca los viejos barriles y recoger nuevas muestras de agua, sedimentos y organismos.

¿Qué descubrieron los científicos alrededor de los bidones nucleares?

Al bajar a profundidades mayores a los 4700 metros, los equipos científicos hallaron un escenario inesperado.

En lugar de encontrar estructuras completamente aisladas de la vida, las cámaras mostraron numerosos organismos viviendo alrededor y sobre los barriles.

Los recipientes introdujeron una superficie sólida en un fondo marino dominado por sedimentos, lo que permitió que distintos organismos pudieran colonizarlos.

Esponjas marinas, anémonas, cangrejos y pequeñas comunidades de otros organismos aparecieron sobre estas estructuras.

También se observaron peces y crustáceos moviéndose alrededor de los recipientes.

Pero todavía queda una pregunta mucho más importante.

Aunque el estado de conservación de los bidones varía considerablemente, por ahora los resultados preliminares no han detectado una contaminación ambiental significativa.

Eso no significa que el misterio esté resuelto.

Además de los residuos radiactivos, los investigadores encontraron una presencia notable de plásticos y otros desechos en el fondo marino.

¿Existe riesgo de contaminación por radiación en el océano?

Uno de los principales objetivos del proyecto NODSSUM es determinar si los materiales radiactivos se están filtrando hacia el agua, los sedimentos o los organismos vivos.

Para resolver esta incógnita, laboratorios especializados como Subatech participan en las expediciones mediante la recolección de miles de litros de agua, además de muestras de sedimentos y organismos marinos encontrados alrededor de los bidones.

Con muestreadores especiales capaces de trabajar a miles de metros bajo la superficie, los investigadores están estudiando cómo se comportan y se transportan los posibles contaminantes en ese entorno.

Durante los próximos meses, los científicos seguirán analizando las muestras.

También buscarán determinar si existe migración de radionúclidos hacia los organismos y cómo podrían desplazarse por el ecosistema.

El objetivo actual de la misión no es retirar los residuos, sino descubrir qué ha ocurrido alrededor de ellos después de décadas en el fondo del océano.

Este estudio permitirá comprender mejor cómo interactúan estos viejos residuos radiactivos con uno de los ecosistemas más profundos y menos conocidos del planeta.

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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