Este miércoles, la HHS junto a la EPA anunciaron una agenda científica histórica con Robert F. Kennedy Jr. y Lee Zeldin, para poder regular microplásticos y fármacos en el agua bajo la estrategia MAHA. Sin embargo, esta iniciativa federal sin precedentes destina US$144 000 000 para medir y eliminar contaminantes que amenazan la salud humana con el objetivo de frenar la acumulación de estas partículas en el organismo y combatir el aumento de enfermedades crónicas asociadas.
La EPA incluye microplásticos y fármacos en la lista CCL 6
En este caso, el primer gran paso de esta alianza para regular es la inclusión de los microplásticos y productos farmacéuticos en la Lista de Candidatos Contaminantes (CCL 6) de la EPA, porque esta acción permite que estas sustancias sean tratadas como un grupo prioritario dentro del marco del Acta de Agua Segura; la agencia busca movilizar fondos de investigación y acelerar los procesos regulatorios, permitiendo una intervención rápida.
De igual manera, la decisión de tener en lista a estos componentes como un grupo responde a la complejidad técnica de su medición, pero dado que los microplásticos varían en tamaño, forma y composición química, su clasificación colectiva asegura que no se pierdan detalles durante las fases de muestreo que establecen estándares legales que la EPA defiende y nuevas normativas sobre el agua potable.
Pese a los plásticos, la EPA está priorizando por primera vez los residuos farmacéuticos en el agua, porque el trabajo en conjunto HHS y la EPA derivó en la publicación de puntos de referencia de salud humana para estos contaminantes, demostrando que esta política busca cerrar las brechas de conocimiento sobre qué sustancias están presentes en el consumo diario y cómo eliminarlas, realizando una política de protección activa.
Los estudios revelaron la presencia de partículas
En la actualidad, la frontera científica de los nanoplásticos comprende poder analizar la degradación de los materiales sintéticos, porque existe una tonelada de plástico por cada persona en el planeta, siendo que expertos como el Dr. Matthew Campin remarcan que estos materiales se dividen hasta convertirse en nanoplásticos, partículas de un tamaño inferior a un micrómetro, muy parecido al de un virus.
Algo a tener en cuenta es que, a la escala microscópica, las partículas actúan como una «materia oscura» biológica, capaces de infiltrarse en las células y cruzar barreras que antes se consideraban impenetrables, sosteniendo que la evidencia científica preliminar que se está investigando vínculos potenciales entre la exposición a plásticos y el aumento de enfermedades cardiovasculares, Alzheimer, demencia e infertilidad.
Cabe mencionar que los estudios indicaron la presencia de estas partículas en tejidos como el cerebro y las arterias, dejando en claro que la iniciativa de US$144 000 000 está destinada a desarrollar la tecnología necesaria para medir estos nanoplásticos y determinar si la relación con las enfermedades crónicas es casual, revelando datos importantes para la medicina moderna.
La exposición no se limita al agua: los microplásticos no son solo residuos oceánicos
Las investigaciones del Dr. Marcus Erickson sostuvieron que la exposición no se limita al agua, sino que es un fenómeno atmosférico y transdérmico; debido a estimaciones de más de 40 cuadrillones de nanoplásticos en la atmósfera, estas partículas pueden ser inhaladas o absorbidas a través de la piel, ingresando al flujo sanguíneo.
Ante el impacto biológico de los microplásticos en el cuerpo, pero mediante la intervención de investigadores como Josefine Musco y el Dr. Eric Berg, se traslada el problema del medio ambiente a través del torrente sanguíneo humano. Sin embargo, los microplásticos y nanoplásticos ya no son solo residuo oceánico porque cruzaron las barreras hematoencefálica y testicular, afectando la fertilidad, los niveles de testosterona y la función cognitiva; la crisis de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson cobra una dimensión ambiental ineludible.
