Cuando el huracán Helene llegó a Asheville, Carolina del Norte, en septiembre de 2024, muchas familias se quedaron sin electricidad. También hubo problemas con el agua potable que tardaron semanas en resolverse.
En Emma, un barrio donde viven numerosas familias inmigrantes, aquella experiencia dejó una preocupación: ¿qué pasaría si otro huracán volviera a interrumpir los servicios básicos?
Los vecinos no querían encontrarse otra vez en la misma situación. Por eso, comenzaron a buscar alternativas para tener electricidad y agua durante futuras emergencias.
La respuesta fue instalar paneles solares en su centro comunitario, incorporar un remolque con batería y construir un pozo de agua.
Un centro comunitario que se prepara para futuros apagones
Después de Helene, los vecinos de Emma tenían mucho por resolver. Había viviendas dañadas, caminos afectados y familias que necesitaban ayuda para recuperar cierta normalidad.
PODER Emma, una organización que trabaja con la comunidad, comenzó a impulsar proyectos para que el barrio estuviera mejor preparado ante otro desastre.
Uno de esos proyectos se desarrolló en La Esperanza, una cooperativa creada en 2019 que cuenta con un centro comunitario utilizado por los vecinos.
Allí instalaron más de cien paneles solares, con una potencia total de 46 kilovatios.
La iniciativa contó con el apoyo de Footprint Project, Sugar Hollow Solar e Invest Appalachia.
Los paneles permiten que el edificio produzca parte de la electricidad que necesita durante sus actividades habituales. Así, puede consumir menos energía de la red y reducir sus gastos.
Pero los responsables del proyecto sabían que eso no era suficiente.
Si se producía otro apagón, necesitaban una forma de mantener funcionando algunos servicios, incluso cuando no hubiera suministro eléctrico en el barrio.
Y para conseguirlo hacía falta algo más que los paneles del techo.
Un remolque solar para mantener el agua y otros servicios esenciales
Instalar un gran sistema de baterías en el centro comunitario resultaba demasiado caro. Entonces buscaron una alternativa que permitiera cubrir las necesidades más importantes sin tener que respaldar todo el edificio.
Eligieron un remolque equipado con paneles solares de 900 vatios y una batería.

Es un sistema pequeño comparado con la instalación del techo, pero puede suministrar electricidad para mantener una conexión a internet, refrigerar alimentos y hacer funcionar la bomba de un pozo de agua.
Lo del agua no es un detalle menor.
Después de Helene, los daños en una tubería dejaron a buena parte de Asheville con problemas de suministro de agua potable durante casi dos meses.
En Emma, los vecinos decidieron perforar un pozo en el terreno del centro comunitario para tener otra fuente de agua si volvía a ocurrir algo parecido.
Claro que disponer de un pozo no resuelve todo. Para sacar el agua también necesitan electricidad, y ahí es donde entra el remolque solar.
El equipo puede alimentar la bomba cuando falla la red. Además, sirve para cargar herramientas eléctricas que utilizan los trabajadores encargados de reparar viviendas dañadas por el huracán.
No alcanza para dar electricidad a todas las casas del barrio, ni es lo que se pretende.
La idea es que el centro pueda seguir ofreciendo algunos servicios básicos cuando los vecinos más los necesiten.
Paneles solares en los porches de viviendas prefabricadas
Mientras avanzaban las mejoras en La Esperanza, surgió otra pregunta entre los vecinos: ¿por qué no llevar la energía solar también a las casas?
El problema era que muchas familias viven en viviendas prefabricadas y sus techos no siempre están preparados para soportar paneles solares.
La propia comunidad propuso una alternativa: construir porches independientes y colocar los paneles encima.
Así, las familias podían aprovechar la energía solar sin tener que instalar los equipos directamente sobre el techo de sus viviendas.
PODER Emma y Sugar Hollow Solar comenzaron a trabajar con esa idea.
Uno de los primeros proyectos se realizó en una casa donde instalaron 15 paneles solares sobre un porche y una batería Tesla Powerwall 3 para almacenar la electricidad.
La familia no tuvo que pagar por la instalación, gracias al apoyo económico de Footprint Project y Sugar Hollow Solar.
El porche también les dejó algo más que un lugar para colocar paneles
Ahora tienen un espacio adicional donde pueden sentarse, descansar o pasar tiempo juntos.
Para hogares que difícilmente podrían afrontar el costo de una instalación solar, este tipo de ayuda abre una posibilidad que antes parecía fuera de su alcance.
En Emma todavía queda trabajo por hacer. Los paneles no evitarán los daños de otro huracán y el remolque tampoco puede resolver todas las necesidades del barrio.
Pero ahora los vecinos cuentan con un pozo de agua, una fuente de electricidad de respaldo para ciertos servicios y nuevas opciones para sus viviendas.
Son cambios que surgieron de problemas muy concretos que tuvieron que enfrentar después de Helene.
Si vuelve a producirse un apagón prolongado, el centro comunitario tendrá más recursos para ayudar. Y para las familias que ya pasaron semanas sin servicios básicos, eso puede marcar una diferencia.
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



