El gran misterio de la energía limpia ya no es cómo generarla, sino cómo almacenarla a gran escala, y parece que el secreto está en el agua.
Un grupo de expertos habría encontrado la respuesta en los elementos más básicos de la naturaleza, logrando una eficiencia que hasta hace poco parecía imposible.
Pero ¿cómo es posible que algo tan básico para nuestra vida sea la clave de la próxima revolución energética?
Cuál es el secreto de la eficiencia de esta batería que utiliza agua
Para reducir la dependencia del gas y del carbón, el mundo actual demanda con urgencia un sistema de almacenamiento efectivo.
Las energías renovables que utilizamos como la solar y la eólica no logran ser eficientes sin un complemento vital: las baterías.
Su dependencia de condiciones climáticas favorables insta a la adaptación y almacenamiento en dispositivos de amplia capacidad para abastecernos de energía en días nublados o con poco viento.
Ese es el verdadero desafío: contar con las reservas necesarias que duren días o incluso semanas, evitar los temibles apagones y estar protegidos de las subidas de precio que están a la orden del día en muchos estados. Esta podría ser una buena solución.
El fin de la dictadura del litio y los materiales escasos
Cuando hablamos de baterías, casi siempre pensamos en el litio, pero esa tecnología tiene los días contados para el uso doméstico a gran escala.
El litio, el cobalto y el vanadio son parte de los llamados «materiales críticos». Caros, difíciles de conseguir y cuyo precio fluctúa por conflictos geopolíticos. En la actualidad, son mundialmente conocidas las famosas guerras por tierras raras.
Tal como sucede con nuestros móviles, las baterías que tenemos en casa pierden su eficiencia con el tiempo y el uso. Después de unos años, su capacidad cae en picado y hay que reemplazarlas, lo que genera un coste de mantenimiento que pocas familias pueden asumir.
Frente a esto, surge una alternativa mucho más inteligente: las baterías de flujo. A diferencia de las baterías sólidas, estas separan la potencia de la energía.
Esto significa que, si necesitas almacenar más electricidad en tu hogar, no tienes que comprar un sistema completo nuevo, sino simplemente ampliar los tanques de almacenamiento.
La tecnología en la que se centra este avance promete una durabilidad comercial de hasta 25 años, eliminando la necesidad de recambios constantes y ayudando a detener la gran crisis energética que se nos viene.
Estamos ante un sistema que busca reducir los costos de fabricación de forma drástica, utilizando componentes que no se agotan ni dependen de un solo país proveedor.
La fórmula récord que cuesta céntimos
La verdadera revelación de esta investigación es el uso de una química basada en hidrógeno e hierro, desarrollada por la empresa Elestor. Se trata de un sistema que utiliza un circuito de gas hidrógeno y un electrolito acuoso (agua con sales de hierro).
Al usar elementos que abundan en cualquier parte del mundo y en el mar, el costo de los materiales cae por los suelos, llegando a los 2,8 €/kWh, equivalente a poco más de US$3.
Esto permite que, durante toda su vida útil, guardar energía te cueste apenas US$0,3/kWh, una cifra muy por debajo y que deja fuera de combate a cualquier batería de litio que conocemos hoy.
Lo que más ha impresionado a los expertos es que, en las pruebas reales, la batería ha mantenido una eficiencia superior al 80 % incluso después de cargarla y descargarla decenas de miles de veces.
Para que te hagas una idea de la inversión, el sistema completo podría rondar los US$17/kWh, lo que lo convierte en fácilmente accesible para instalarlo en un hogar promedio.
Gracias a este invento que usa hierro disuelto en agua, la promesa de tener energía barata, segura y que nunca se acaba está dejando de ser un experimento de laboratorio para convertirse en una realidad que pronto podría estar en tu propia casa, junto a estas maravillosas hojas artificiales que hacen fotosíntesis.
