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Energía

Un robot bajó a las profundidades para inspeccionar cinco turbinas del primer parque eólico flotante del mundo, en Escocia, y terminó descubriendo que cables, anclas y acero quedaron cubiertos por 121 tipos de vida marina como mejillones, anémonas, gusanos y estrellas de mar

Por Skarlett Soto · 27 agosto, 2026 · 4:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Un robot bajó a las profundidades para inspeccionar cinco turbinas del primer parque eólico flotante del mundo, en Escocia, y terminó descubriendo que cables, anclas y acero quedaron cubiertos por 121 tipos de vida marina como mejillones, anémonas, gusanos y estrellas de mar
Imagen generada con inteligencia artificial
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Un robot bajó hasta el fondo del mar para revisar las enormes estructuras de un parque eólico flotante.

Los investigadores querían saber qué estaba pasando allá abajo, en un lugar donde casi nunca podemos mirar.

Y cuando revisaron las grabaciones encontraron algo que llamó mucho su atención.

Los cables, las anclas y buena parte del acero estaban llenos de vida.

Había mejillones, anémonas, gusanos, estrellas de mar y muchos otros organismos viviendo sobre estructuras que originalmente solo estaban ahí para sostener las turbinas.

En total, contabilizaron cerca de 16 000 organismos.

¿Un parque construido para producir electricidad había terminado creando también un nuevo lugar para la vida marina?

¿Qué encontró el robot en el parque eólico flotante?

Estudiar lo que ocurre a más de 100 metros de profundidad no es nada sencillo.

Por eso, durante inspecciones realizadas en 2018 y 2020, los investigadores utilizaron un robot submarino equipado con luces y cámaras.

Su trabajo era recorrer el parque Hywind Scotland y grabar todo lo que encontrara.

El robot pasó por 41 componentes diferentes.

Revisó las estructuras de las turbinas, las líneas que las mantienen en su lugar, las enormes anclas del fondo y los cables que conectan unas turbinas con otras.

Después, los investigadores tuvieron que revisar todas esas grabaciones.

Y fue entonces cuando apareció la sorpresa.

Muchas de aquellas estructuras ya estaban cubiertas de organismos.

En total, contabilizaron cerca de 16 000 y distinguieron 121 taxones. Dicho de una forma más sencilla, encontraron 121 tipos de organismos clasificados en diferentes niveles.

Pero había otro detalle interesante.

No vivían los mismos animales en todas partes.

A medida que el robot bajaba, el paisaje iba cambiando.

En algunas zonas aparecían anémonas plumosas y pequeños gusanos pegados al metal.

Más abajo, alrededor de las anclas, podían verse estrellas de mar, erizos, cangrejos y otros animales aprovechando las estructuras para moverse o encontrar refugio.

¿Cómo cambia la vida a medida que el robot baja?

La profundidad marcaba una diferencia enorme.

Cerca de la superficie, donde todavía llega bastante luz, las estructuras estaban cubiertas principalmente por algas pardas y mejillones azules.

Eso ocurría sobre todo durante los primeros 20 metros.

Pero cuando el robot seguía bajando y la luz empezaba a desaparecer, también cambiaban los habitantes.

Entre los 20 y los 80 metros aparecían principalmente anémonas plumosas, hidroides y gusanos tubícolas.

Y todavía faltaba llegar al fondo.

A unos 120 metros de profundidad, las anclas y otras piezas descansaban sobre arena y grava.

Por allí se movían crustáceos y peces de fondo como el eglefino y la maruca.

Los investigadores también encontraron algo que despertó especialmente su curiosidad.

En las imágenes aparecieron tres posibles colonias jóvenes de coral de aguas profundas.

Sin embargo, no pudieron confirmarlo.

Las grabaciones no tenían el detalle suficiente para asegurar que realmente se tratara de ese coral.

¿Significa esto que los molinos flotantes crean nueva vida marina?

A primera vista, sería fácil decir que sí.

Después de todo, los investigadores encontraron miles de organismos viviendo sobre estructuras que antes no existían.

Además, entre 2018 y 2020 observaron que la cobertura de organismos había aumentado.

Pero acá aparece la parte más interesante del estudio.

Encontrar mucha vida sobre una turbina no significa necesariamente que ahora haya más biodiversidad en todo el lugar.

El fondo de esa zona está formado principalmente por arena y grava.

Cuando colocas allí acero, cables y hormigón, aparecen superficies duras donde muchos organismos pueden agarrarse, esconderse o buscar alimento.

Es como poner un nuevo edificio en medio de un terreno vacío: tarde o temprano, alguien empieza a ocuparlo

Pero esos animales también pueden haber llegado desde otros lugares cercanos. Y las nuevas estructuras pueden cambiar las comunidades que ya vivían en la zona o facilitar la llegada de organismos que antes no estaban allí.

Por eso, el estudio deja una pregunta abierta.

Desde arriba vemos cinco turbinas flotando en el mar.

Debajo del agua ocurre algo mucho más difícil de ver.

Miles de organismos ya utilizan sus cables, anclas y estructuras como parte de su entorno.

Ahora queda por entender si esa nueva vida está haciendo más rico el ecosistema o simplemente está cambiando quién vive allí.

 

El estudio completo está disponible en Karlsson, R., Tivefälth, M., Duranović, I., Martinsson, S., Kjølhamar, A., & Murvoll, K. M. (2022). Artificial hard-substrate colonisation in the offshore Hywind Scotland Pilot Park. Wind Energy Science, 7(2), 801–814. https://doi.org/10.5194/wes-7-801-2022

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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