Un pozo petrolero cerrado hace veinte años sigue causando problemas en un barrio de San Antonio, Texas.
Las autoridades han intentado sellarlo varias veces, pero el gas continúa saliendo. Ahora, un informe preliminar advierte que el metano podría estar desplazándose bajo tierra hacia algunas viviendas.
En Preserve at Medina, varios vecinos aseguran que ni siquiera sabían que había un pozo cerca cuando compraron sus casas.
Por qué el pozo sigue filtrando gas después de tantos intentos
El pozo Thompson Callaway Spears #1 fue perforado en 1955 y clausurado en 2006, mucho antes de que se construyera el barrio.
Las fugas se descubrieron en 2019, durante las obras de las viviendas. Desde entonces, Texas ha realizado seis intervenciones para intentar detenerlas. La última fue en noviembre de 2024, pero el problema continúa.
Las inspecciones detectaron metano, sulfuro de hidrógeno y otros compuestos.
Los técnicos sospechan que el gas sube por el espacio que rodea la estructura del pozo. Si es así, sellar únicamente la parte superior no basta para detenerlo.
Los vecinos también han denunciado un olor parecido al de los huevos podridos, característico del sulfuro de hidrógeno.
Cerca de la perforación colocaron vallas y carteles para advertir sobre la presencia de gases inflamables.
Qué se sabe sobre el metano que podría llegar a las viviendas
En junio de 2026, una empresa contratada para investigar las fugas identificó indicios de dos posibles plumas de metano que estarían avanzando bajo tierra hacia las casas.
Los resultados son preliminares y las autoridades todavía investigan hasta dónde se extiende el gas.

La preocupación es que el metano pueda entrar en una vivienda y acumularse. Si alcanza una concentración suficiente y encuentra una fuente de ignición, podría provocar un incendio o una explosión.
De hecho, cerca del cabezal del pozo se detectaron concentraciones de gas inflamable superiores al límite inferior de explosividad.
Esto no significa que se hayan encontrado esos niveles dentro de las casas ni que una explosión sea inminente.
La Comisión de Calidad Ambiental de Texas también realizó inspecciones en 2023 y 2025. Los compuestos orgánicos volátiles medidos estaban por debajo de los niveles preocupantes para la salud a corto plazo.
Sin embargo, las fugas siguen activas y el sulfuro de hidrógeno puede causar molestias como dolores de cabeza y náuseas.
Mientras las autoridades buscan otra solución, algunos residentes cuentan que se enteraron de la existencia del pozo cuando comenzaron a llegar inspectores y camiones de trabajo.
Aseguran que nadie les había informado sobre la antigua perforación al comprar sus viviendas.
El problema de construir viviendas cerca de antiguos pozos petroleros
Texas tiene cientos de miles de pozos petroleros, muchos de ellos clausurados hace décadas. El problema es que no siempre aparecen correctamente ubicados en los registros.
En Preserve at Medina, por ejemplo, los mapas oficiales situaban el pozo a unos 110 pies de su ubicación real.
Esa diferencia puede complicar las obras cuando se construyen viviendas sobre terrenos donde antes hubo actividad petrolera.
Además, Texas no establece una distancia mínima general entre las casas y los pozos clausurados. Tampoco existe una obligación estatal uniforme de informar a los compradores cuando hay uno cerca, aunque algunas ciudades tienen sus propias restricciones.
El caso de San Antonio muestra lo que puede ocurrir cuando una antigua zona petrolera termina convertida en un barrio residencial.
El pozo fue cerrado en 2006 y las autoridades llevan desde 2019 intentando detener las fugas.
Por ahora, no hay una fecha clara para resolver el problema. Y los vecinos siguen esperando que el gas deje de salir del suelo.
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



