El invierno profundizó la crisis humanitaria en Ucrania y las autoridades temen por el bienestar de la población. En este marco, los ataques contra su infraestructura energética representan un gran peligro, ya que dejan sin electricidad ni calefacción a miles de familias en medio de un contexto invernal, donde las temperaturas sobrepasan los -20 ºC durante la noche. Frente a ello, surgieron denuncias contra Rusia por llevar adelante un genocidio sin precedentes en la región.
Crece la presión sobre Rusia
Los ataques contra la infraestructura energética ucraniana forman parte de una nueva etapa del conflicto, que parece estar muy lejos de una solución pacífica. Asimismo, pese a los avances en las negociaciones entre Kiev y Washington, Rusia mantiene una fuerte presión militar sobre territorio enemigo. En esta oportunidad, los objetivos principales fueron sus estaciones energéticas, con la única idea de debilitar a Ucrania y obligarlos a una rendición.
Dicha estrategia tiene un trasfondo preocupante, más que nada por las bajas temperaturas y el peligro que eso representa para la salud de los ciudadanos. Desde el Gobierno de Volodímir Zelenski acusan a Rusia de tomar de rehenes a la población civil, lo que es considerado un crimen de guerra, según los estatutos internacionales. Ante esta grave denuncia, la ONU tomó cartas en el asunto y le exigió a Moscú frenar con estos hechos de violencia.
Tras una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, las autoridades internacionales aumentaron la presión sobre Rusia para que finalice con estos ataques, los cuales dejaron a 800 mil habitantes sin electricidad tan solo en Kiev. «Este ciclo sistemático de ataques a la infraestructura energética viola el Derecho Internacional Humanitario y debe cesar», expresaron mediante un comunicado oficial.
Agotamiento por frío
En medio de este complicado escenario, Anton Gerashchenko, exasesor del Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de Ucrania, denunció que Rusia lleva adelante un genocidio contra la población civil, al cual bautizó como «Kholodomor» (agotamiento por frío). Según explicó, cualquier ataque que se realiza deliberadamente para someter a un grupo de personas a condiciones de existencia que acarreen su destrucción física, total o parcial, es un genocidio.
«Muchas ciudades de Ucrania, entre ellas Kiev, se han quedado sin electricidad, calefacción ni agua por segunda semana consecutiva debido a fuertes heladas. ¿Qué quiere decir esto? Que Rusia está condenando a muerte a gente», aseveró Gerashchenko. Esta estrategia de Moscú tuvo grandes consecuencias en el estilo de vida de la población civil, que ahora debe preocuparse no tan solo de los bombardeos, sino también de las bajas temperaturas.
Graves consecuencias
De acuerdo al exfuncionario del Gobierno, los ataques rusos provocaron que las personas mayores no puedan salir de sus apartamentos a comprar comida o agua porque los ascensores no funcionan y dejaron sin comunicación telefónica a toda la población, lo que a su vez impide pedir ayuda o una ambulancia. Este escenario también afecta a personas enfermas, quienes no pueden utilizar equipos médicos necesarios para sobrevivir.
Producto de estos ataques, tampoco se puede disfrutar de comidas calientes ni existe la posibilidad de cocinar en casa, a lo que se suman las fallas en el sistema de alcantarillado, creando condiciones críticas y peligrosas. A esto le suma también las enfermedades causadas por el frío extremo y la incapacidad de mantener el calor, la muerte de animales callejeros y de muchas mascotas que necesitan de mejores condiciones para vivir.
El exfuncionario destacó que la idea de Rusia a través de estos ataques masivos es hacer de las grandes ciudades ucranianas lugares inhabitables, algo que está consiguiendo. Es que, a causa de estos ataques, las escuelas dejaron de funcionar, los hospitales cancelaron cirugías y no pueden atender con normalidad y el transporte público funciona de manera limitada y, en algunos casos, ni siquiera opera.
