El mandatario de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha denunciado este martes un nuevo asalto masivo llevado a cabo por la Federación Rusa, confirmando que el asalto es un golpe «combinado» y «deliberadamente calculado» que tiene como propósito infligir el más alto grado posible de daño al sector energético del país. La Fuerza Aérea ucraniana, que se encarga de la supervisión en tiempo real de la trayectoria de los proyectiles, ha confirmado en su parte de la mañana que Moscú ha utilizado en el ataque en cuestión un arsenal devastador: cerca de 400 drones y 29 misiles de distintos tipos.
Colapso de servicios en Odesa y daños «extraordinariamente serios»
A pesar de que un volumen significativo de las amenazas aéreas fue interceptado por las defensas, Zelenski ha confirmado que, desgraciadamente, hubo impactos que han obligado a llevar a cabo esfuerzos de rescate y reparaciones urgentes en diversas regiones del norte, del centro, del sur y del oeste del país.
La acción ha tenido consecuencias humanitarias inmediatas, sobre todo en el sur. En Odesa, decenas de miles de personas se han quedado sin calefacción y sin un suministro potable de agua debido a un impacto directo por parte de los drones, lo que presenta a la población civil una situación dramática en pleno invierno. La empresa propietaria de la instalación, DTEK, emitió un comunicado de prensa sobre el hecho y cifraba el estado de la infraestructura energética en «daños extraordinariamente serios», indicando que la reparación «requeriría de un prolongado tiempo para que el equipamiento vuelva a funcionar».
Los especialistas de la compañía trabajan contra reloj para restaurar la entrega de los servicios de infraestructura crítica en una región que ya ha sido abrumada en múltiples ocasiones en estos días de guerra. En el resto del país el saldo es doloroso, 12 regiones afectadas, 9 heridos, entre ellos niños, daños numéricamente cuantificables en más de diez edificios de tipo residencial y en la infraestructura ferroviaria, muy importante para la logística en el país.
Diplomacia bajo fuego: un fracaso de la tregua y la cita suiza
La ofensiva rusa tiene un fuerte significado político, ya que se lleva a cabo tan sólo unas horas horas antes de que los negociadores de Kiev, Moscú y Washington inicien la tercera ronda de contactos trilaterales en Ginebra con vistas a un acuerdo negociado sobre la guerra. Zelenski había advertido durante la jornada anterior de esta posibilidad de bombardeo, citando a su servicio de inteligencia, indicando la ironía de que uno de los puntos de la agenda en Suiza era precisamente la posibilidad de una tregua de carácter energético.
Este ataque hace muy difícil acreditar las negociaciones, recordando la anterior tregua declarada unilateralmente por el Kremlin el pasado 30 de enero a petición de Washington, una tregua que Rusia mantuvo durante sólo cuatro días antes de romperla. El ministro de Exteriores ucraniano acusó al Kremlin de «despreciar los esfuerzos de paz», asegurando que Moscú lo demuestra por medio de misiles, indicando que «no prestará atención a la diplomacia si no está avalada por la fuerza»
La contienda de los drones y la «flota fantasma»
La contienda aérea es bidireccional. Junto a la ofensiva sobre Ucrania, el Ministerio de Defensa de Moscú declaraba que sus sistemas aniquilaban e interceptaban más de 150 drones ucranianos que se concentraban en Crimea (38), en el mar Negro (50) y en el mar de Azov (29). El representante de Sebastopol, Mijaíl Razvozhaiev, consideraba esta ofensiva ucraniana como «una de las más largas de los recientes ataques».
Ciertamente, ante la escalada de este ataque, Kiev endurecía sus exigencias a la comunidad internacional. El ministro Sybiha reclamaba nuevas medidas sancionatorias y se concentraba en la «intervención de la flota fantasma». Para el presidente Zelenski, la respuesta internacional no puede limitarse a la retórica.
