Perder un sueldo de seis cifras por una galleta de US$1,95 parece un mal chiste.
Pero eso es lo que les ocurrió a algunos trabajadores de Ford.
Fueron acusados de llevarse snacks sin pagarlos y el precio que terminaron pagando fue mucho más alto que el de la comida.
¿Es posible que un simple error en un quiosco de autoservicio arruine años de trabajo en cuestión de segundos?
Qué ocurrió con los trabajadores de Ford
Los empleados estaban teniendo un día normal y tranquilo.
De pronto, la dirección empezó a llamar a varios trabajadores a reuniones privadas para mostrarles imágenes captadas por las cámaras de seguridad.
En los videos se veía claramente a los empleados tomando productos, acercándose al quiosco de autoservicio y pasando o acercando sus tarjetas al lector.
Muchos de ellos aseguraban que estaban convencidos de haber pagado.
Sin embargo, al comparar esas grabaciones con los registros del sistema, Ford entendió que varios productos habían sido retirados sin que el pago quedara registrado.
Para Ford, las imágenes de las cámaras y los registros del quiosco apuntaban a que los productos no habían sido pagados. Con esa información, la empresa inició un proceso disciplinario contra los trabajadores.
En ese momento, los trabajadores sostuvieron que no se tuvo en cuenta la posibilidad de un error técnico o de un fallo en el proceso de pago.
Ford aplicó su política de cero tolerancia al considerar que los registros demostraban que se habían retirado productos sin pagarlos, y varios empleados fueron despedidos.
Para trabajadores que llevaban años sin problemas dentro de la empresa, la notificación fue como un golpe inesperado, dejándolos sin trabajo de un día para otro y con un historial afectado por una acusación de deshonestidad.
Despidos inexplicables y una sensación de incertidumbre
La noticia se hizo muy popular en los medios de comunicación cuando se supo quiénes eran las personas afectadas por estos despidos y cómo la supuesta falta no guardaba relación con el valor de los productos.
Uno de los casos más conocidos fue el de Kurt Kromm, un electricista de 60 años que trabajaba en la planta de camiones de Kentucky.
Su salario anual superaba los US$200 000.
Durante un turno de noche, Kromm sufrió una bajada de azúcar por su diabetes y compró un paquete de galletas que costaba US$1,95.
El vídeo mostró una señal confusa al pasar su tarjeta y Kromm pensó que el pago se había realizado correctamente.
Pero días más tarde fue despedido por esa compra.
Otro caso similar fue el de Nick Nabozny, un operario de la planta de ensamblaje de Michigan con casi nueve años en la empresa.
Nabozny ganaba unos US$40 por hora y, con las horas extras, esperaba superar los US$125 000 ese año para mantener a su familia.
Después de escanear una bolsa de Doritos y unas galletas Ritz en el quiosco, pensó que todo estaba bien.
Cuando la gerencia lo acusó de robo, Nabozny preguntó por qué arriesgaría su trabajo por unos pocos dólares teniendo un buen salario. Finalmente, también fue despedido.
Qué sucederá con todos estos trabajadores y qué lección deja esta historia
A medida que aumentaban los casos en diferentes plantas de Estados Unidos, los sindicatos y los trabajadores comenzaron a señalar otro posible problema.
Hablaban de los quioscos automáticos gestionados por la empresa Aramark.
Varios empleados aseguraron que estos quioscos llevaban años presentando problemas, como fallas en el software, pantallas que se congelaban, cobros repetidos y, sobre todo, un sonido de confirmación que podía escucharse incluso cuando la transacción no llegaba a completarse.
Ante las dudas planteadas por los trabajadores, Ford y Aramark iniciaron una revisión de los sistemas utilizados en los quioscos.
Tras la revisión, al menos tres empleados de la planta de Michigan fueron exonerados y reincorporados a sus puestos de trabajo.
A Kurt Kromm la empresa le ofreció recuperar su antiguo empleo, pero decidió rechazar la oferta después de encontrar una mejor oportunidad laboral.
Sin embargo, empleados como Nick Nabozny continúan luchando en los tribunales para limpiar su nombre y recuperar sus puestos.
Desde entonces, algunos trabajadores aseguran que prefieren no comprar nada en esos quioscos por temor a que un fallo técnico vuelva a generar una situación similar.
Aunque algunos empleados ya fueron reincorporados, el caso sigue abierto para otros trabajadores que continúan intentando limpiar su nombre en los tribunales. Lo ocurrido también ha puesto bajo la lupa el funcionamiento de los quioscos y los procedimientos utilizados para tomar decisiones que pueden cambiar por completo la vida laboral de una persona.
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